Sérum, qué es y para qué sirve

Serum

El sérum, elixir de vida.

El elixir de la vida para tu piel

Imagínalo: sea cual sea el problema de tu piel, un líquido milagroso que la recupera y le devuelve el aspecto joven y fresco que deseas.

Así trabajan los sérums, y por eso se han hecho un hueco entre los imprescindibles del cuidado facial.

No exageramos al decir que son un elixir para la piel.

Concebidos en principio como tratamientos farmacológicos, sus extraordinarios efectos y sus características únicas les catapultaron hasta los estantes de las tiendas de cosmética y, desde allí, a nuestras casas.

Comenzaron a popularizarse durante los años 80 del siglo XX, aunque entonces estaban pensados, principalmente, para usarlos de vez en cuando, si se buscaban resultados inmediatos y puntuales. Eran caros, así que se reservaban para ocasiones especiales o para tratamientos profesionales (antiedad, principalmente).

Pero los magníficos efectos que producían en la piel les fueron abriendo paso: cada vez se demandaban más, así que se hicieron más asequibles, mientras la investigación se multiplicaba y la cosmética comenzaba una carrera, que aún continúa, destinada a ofrecer productos mejores y más especializados.

Así, hoy en día podemos encontrar sérums para todo tipo de problemas cutáneos, que prometen y consiguen resultados espectaculares, visibles en poco tiempo. Por supuesto, también para hombres (en Qué es y para qué sirve el sérum para hombres y 5 Mejores sérums para hombre, todo sobre el tema).

¿Qué hace que un sérum sea tan efectivo?

    • La alta concentración de principios activos, que puede llegar hasta el 70 % del total del producto.
    • Las moléculas de todos sus compuestos, que son muy pequeñas, facilitando la penetración de estos hasta las capas más profundas de la dermis, lo que explica, además, por qué se presentan como fluidos y no como cremas o lociones, ya que las moléculas de estas son mucho mayores y no pueden llegar más allá de la epidermis.
    • Su formulación, cada vez más específica, que consigue un producto especializado, destinado a tratar cada problema de forma concreta y exclusiva.

Por todas estas características, el sérum se aplica en dosis muy pequeñas, que garantizan el mejor resultado.

Es importante hacer notar que los sérums nos permiten el acceso a tratamientos profesionales y especializados que, de otra manera, estarían al alcance de mucha menos gente, y supondrían tener que recurrir a métodos más agresivos y menos seguros para nuestra salud y nuestra piel.

Los sérums a nuestra disposición no tienen todavía la capacidad, que sí tienen los tratamientos profesionales, de afinar y atender cada caso de forma personalizada, pero como la industria no para de renovar y mejorar, iremos viendo esas mejoras a nuestro alcance con más frecuencia y facilidad.

Aunque los sérums son ya una realidad, todavía hay mucha gente que no tiene claro qué son exactamente, para qué sirven, si deben usarlos, cómo hacerlo, ni si sustituyen a las cremas u otros cuidados faciales.

Entonces, ¿sérum o crema?

Los sérums son, en el más estricto sentido, tratamientos cutáneos, lo que significa que están hechos para solucionar problemas concretos, a diferencia de las cremas hidratantes, cuya principal misión es mantener la piel en buen estado, garantizando sus niveles de humedad y protección: no sustituyen a las cremas, ni se seleccionan de la misma forma que estas. 

Echa un ojo a nuestro artículo Diferencias entre el sérum y la crema hidratante para saber más.

Las hidratantes se eligen por el tipo de piel que se tenga, para mitigar sus carencias más básicas -falta de humedad o exceso de grasa, normalmente- mientras proporcionan un medio en el que la piel pueda equilibrarse manteniendo sus funciones básicas. En otras palabras, las cremas diarias sellan la piel, reforzando el efecto barrera cutáneo, aportando principios activos en cantidades muy discretas (entre un 5 y un 10 %), respetando los procesos naturales y alterándolos o supliéndolos, si es necesario, de forma muy sutil y paulatina.

Sin embargo, cuando hay problemas más profundos, urgentes o puntuales, se necesita una acción más agresiva y enfocada, que es lo que ofrecen los sérums.

Sus pequeñas moléculas son el transporte ideal de activos hacia las capas profundas de la piel, donde actúan a nivel celular, restaurando y regenerando la dermis y la epidermis.

Pero, por estas mismas características, los sueros no protegen la piel de las agresiones cotidianas, así que se necesitan las cremas para hacerlo.

Por lo tanto, el protocolo ideal consiste en utilizar el sérum adecuado para tratar el problema concreto, y la crema, para aislar la piel y permitir que el suero haga su trabajo de forma óptima. En esta sinergia, ambos potencian y mejoran el trabajo y los resultados del otro.

Las diferencias principales entre crema y sérum son:

  • El objetivo: el sérum se utiliza para tratar problemas muy concretos; la crema, para el cuidado diario y constante de la piel.
  • La forma de actuación: el sérum llega a las capas profundas de la epidermis, donde libera sus principios activos para corregir, potenciar, ayudar, etc., mientras que las cremas actúan en superficie, aislando la piel del entorno, para protegerla.
  • La textura: el sérum es fluido y la crema densa.
  • La absorción: el primero penetra rápidamente hasta la epidermis, y la segunda crea una película que se queda en los estratos más superficiales de la piel.
  • Los principios activos: muy concentrados y específicos en el sérum, y, mucho menos presentes y fuertes en las cremas.
  • La cantidad a usar: el sérum se aplica en cantidades muy escasas y cunde mucho, mientras que al aplicar la hidratante hay que ser mucho más generosas.
  • El precio: por sus alta concentración de principios activos, el sérum resulta más caro que las cremas (siempre habrá que comparar los productos de una misma línea cosmética, claro).

La siguiente pregunta es casi obligada:

¿Cuándo y cómo aplicar el sérum?

Aplicando sérum.

Como estamos hablando de un tratamiento, hay que usar el sérum como tal, si se quieren conseguir resultados reales y duraderos.

Aquí te daremos unas nociones básicas y muy útiles, pero si quieres más información, la tienes en Cómo aplicar el sérum para sacarle todo el partido.

Una de las grandes ventajas de los sueros es que los efectos son visibles en muy poco tiempo, muchas veces incluso desde la primera aplicación.

Y esa es también una de sus desventajas: cuando los has usado durante una semana o un mes, los cambios en la piel son evidentes y muy alentadores, pero para que se asienten hay que ser constante y continuar aplicándolo tanto tiempo como sea necesario.

Se debe poner con la piel bien limpia, y antes de la hidratante. Veamos por qué y cuál debe ser el orden de aplicación de los cosméticos para sacarles todo el provecho, conseguir la máxima sinergia entre ellos y no obstaculizar el trabajo de ninguno.

  • Lo primero, ya lo hemos dicho, es la limpieza. Da igual si te limpias la cara con una batería de productos a tal efecto (leche, tónico, etc.) o si prefieres usar solo agua y jabón (eso sí, procura que el jabón sea el adecuado, que no erosione la piel ni arrastre la capa protectora de esta), lo importante es que la piel quede limpia y fresca, con los poros libres para optimizar la labor de los productos que uses a continuación.
  • Es conveniente dejar algo de humedad sobre la superficie cutánea, facilitando la penetración del suero.
  • Ahora, aplicas el suero o los sueros, siempre en orden de menos a más densos, y esperas unos minutos a que se absorban y no queden resto (si utilizas varios, deja que cada uno penetre del todo). Necesitan la piel despejada para llegar a las capas más profundas sin obstáculos y con la seguridad de no arrastrar partículas de suciedad hasta ellas.
  • Antes de la crema va el contorno de ojos.
  • Ponte la hidratante, ya sea de día o de noche, y dale tiempo para impregnarse bien. Sellará la piel, impidiendo que pierda humedad y que los agentes externos (frío, calor, sequedad, contaminación…) la dañen.
  • Y ahora es el momento de aplicar el protector solar, una pantalla que impide que los rayos perjudiciales lleguen a la piel, así que debe ser el último paso, para garantizar su efectividad. Es conveniente usarlo durante todo el año, ya que las agresiones solares son una de las principales causas del envejecimiento y el deterioro cutáneos, y es inexcusable hacerlo en primavera, verano y comienzos del otoño, como poco.
  • Ya tienes el rostro preparado para el maquillaje, si te maquillas.

Con respecto al mejor momento del día para aplicar el suero, lo ideal es hacerlo tanto por la mañana como por la noche. Si no tienes tiempo o no quieres hacerlo dos veces al día, elige la noche. Es el momento en el que la piel descansa, a la vez que realiza todas sus tareas de mantenimiento: el sérum aportará una ayuda extra y tendrá tiempo de realizar su labor, sin que agentes exteriores la dificulten o alteren.

Es importante poner el suero de forma adecuada, para sacarle el máximo partido y evitar posibles reacciones no deseadas.

Sigue las instrucciones del fabricante en cuanto a la cantidad a utilizar, por muy chocantes que te parezcan. Realmente hace falta muy poca cantidad de producto y usar más no solo no mejorará los resultados, sino que puede ser contraproducente, ya que algunos ingredientes son irritantes en cantidades excesivas y, además, te quedarán restos sobre la piel que no llegarán a penetrar y entorpecerán la correcta aplicación de la hidratante.

Es mejor que te quedes corta, ya que puedes solucionarlo con un poco más de líquido.

Sabrás si te has pasado con la dosis porque notarás restos del producto sobre la piel. Los sérums no son grasos, no deben dejar restos una vez absorbidos, así que todo lo que quede será lo que sobra.

Conviene calentar los sérums más densos frotándolos entre las palmas de las manos o con las puntas de los dedos.

Dado que su cometido es viajar hacia adentro, no debes frotar ni estirar la piel al ponerlo, sino aplicarlo con suaves toques dados con las yemas de los dedos, o presionando ligeramente con las manos, desde dentro hacia afuera del rostro, el cuello y la zona del escote. Así ayudas a que realice su viaje al interior de tu dermis.

Espera a que entre del todo antes de seguir con tu rutina de belleza. Normalmente, en cuestión de segundos la piel estará lista para el siguiente paso.

Finalmente, el tipo de sérum que elijas determinará cómo usarlo a medio y largo plazo.

Los sueros antiedad pueden incorporarse al diario de cuidados faciales, pero los que tratan cuestiones más específicas tienen otros ritmos de uso, ya que al ser más radicales en su actuación, muchas veces requieren períodos de descanso al menos tan prolongados como los de uso, y nunca menores de un mes. Hablamos de sérums para tratar el acné o las manchas de pigmentación.

Consulta las instrucciones, pero si no te aconsejan un descanso, pregunta a un experto. Los sueros especializados se suelen utilizar por períodos que van de los dos a los cuatro meses, en función de su finalidad, su composición, el estado de tu piel y puede que hasta de la época del año, con treguas de igual o parecida duración.

Si terminas un tratamiento porque ya has conseguido tu objetivo, y te dispones a encarar un nuevo reto, también es muy conveniente dejar reposar a la piel y permitir que los logros se asienten, antes de atacar un frente distinto.

No te dejes llevar por la prisa y las ganas de verte mejor en poco tiempo: los sérums, bien utilizados, te darán lo mejor de sí mismos y verás recompensada tu paciencia y constancia con resultados sorprendentes, firmes y muy agradables.

¿Cómo elegir un sérum?

Elegir un sérum

Ya hemos aclarado que se eligen en función del problema cutáneo a abordar, no del tipo de piel (normal, seca, grasa o mixta), aunque, por supuesto, hay sueros para tratar también estas circunstancias, cuando van más allá de una cierta tendencia de nuestro cutis.

Concebidos en principio para las pieles maduras y para aportar un efecto inmediato de tersura, hoy en día contamos con una variedad casi infinita de opciones, lo que puede resultar de lo más frustrante.

Cada experto tiene una opinión sobre a qué edad es conveniente empezar a utilizarlos, pero el sentido común suele ser una buena guía ante tanta variedad, no exenta de contradicciones.

Las pieles jóvenes y sanas no necesitan refuerzo alguno, y este podría ser incluso contraproducente: no intentes arreglar lo que no está estropeado.

El mejor momento para empezar a utilizar sérum antiedad es a partir de los 25/30 años, dependiendo del estado de la piel, el maltrato que haya podido sufrir, las condiciones de todo tipo a las que esté expuesta, la herencia y la genética, pero esta es una indicación muy amplia que acepta todo tipo de matices, ya que hay pieles que necesitan más atención desde la primera juventud (20 años).

Si la piel está en buenas condiciones hay que plantearse el uso de productos no agresivos, que la vayan nutriendo y cuidando a diario, como un mero apoyo y sin intervenir en los procesos naturales, ya que no hay nada que arreglar y sí todo por mantener.

Eso sí, en cuanto haya algún problema que la hidratante no pueda abordar con éxito, es conveniente plantearse la posibilidad de utilizar un sérum.

Así, una piel joven pero con acné, exceso de grasa o de sequedad, puede sacarle mucho partido al uso de un suero durante una temporada, hasta corregir el problema. Posiblemente después, la crema diaria sea suficiente, y si el problema reaparece se puede volver a tratar.

De hecho, la mejor forma de utilizar muchos sérums es por períodos que se alternan con otros de descanso, para dar a la piel la oportunidad de recuperar sus funciones y asentarse tras el tratamiento.

El primer problema puede plantearse cuando tenemos varios frentes abiertos, pero el sentido común y la versatilidad de los sérums nos ayudan a superar los presuntos obstáculos.

Pese a que los sérums sean muy concretos en sus propósitos, la investigación constante va mejorando las fórmulas y los resultados, permitiéndonos acceder a productos cada vez más personalizados, que pueden combinar varias acciones a la vez. En este sentido podemos distinguir entre sérums especializados y multifuncionales.

Por otro lado, un sérum que trate demasiados frentes, es muy posible que no sea tan efectivo en ninguno como esperamos y promete, así que hay que encontrar el dorado término medio.

¿Un sérum que hidrate y a la vez luche contra el envejecimiento cutáneo? ¡Claro!

¿Un sérum que hidrate, rejuvenezca, exfolie, aclare la piel,le devuelva elasticidad y le aporte antioxidantes? Demasiada ambición para un frasco tan pequeño: los resultados pueden ser decepcionantemente caros.

Es una cuestión de matemáticas: a más ingredientes, menor cantidad de cada uno, y, por muy concentrado que sea el resultado final, tendremos una mezcla de muchas cosas poco potentes. Y puede que una buena borrachera para la piel.

Hay que priorizar, y empezar tratando la alteración más notoria o grave.

Está claro que todas las pieles envejecen, así que una base antiedad no le sobra a ningún suero, pero en ocasiones puede ser necesario afrontar un asunto cada vez, como ocurre cuando la cara se llena de manchas de pigmentación, por el motivo que sea (exceso de sol, alguna patología, el uso de fármacos o cremas fotosensibilizantes sin protección, etc.).

También es de cajón que cualquier tratamiento cutáneo buscará mantener la piel lo más joven posible, como cualquier crema busca hidratar.

Para terminar, otra ventaja de los sérums es que se pueden aplicar más de uno a la vez.

Encontrarás artículos y recomendaciones en este sentido, y muchas referencias a las técnicas orientales de cuidado del rostro basadas en la aplicación consecutiva de hasta 10 o más productos cosméticos.

Las ventajas de este tipo de cuidados a medio y largo plazo no están claras: es cierto que las pieles orientales se nos venden como las más envidiables, pero no lo es menos que llegan a ser totalmente dependientes de la cosmética, volviéndose extremadamente frágiles e incapaces de funcionar y defenderse por sí mismas.

Insistimos en encontrar el término medio, de forma que la cosmética sea siempre nuestra aliada, ayudándonos a recuperar y mantener una piel sana, pero no llegando a impedir que esta realice sus funciones más básicas y necesarias.

También puedes alternar tratamientos, siempre que sigas unas normas básicas:

  • Puedes usar un tipo de sérum durante el día y otro por la noche, pero sé constante si quieres ver resultados.
  • No uses uno distinto cada día o cada semana: solo conseguirás enloquecer a tu piel.
  • El mejor sistema para alternar es hacerlo por períodos relativamente largos: de dos a cuatro meses, dependiendo del problema y su gravedad, un descanso de al menos un mes, y un tratamiento distinto después, siguiendo las mismas pautas.
  • Si vas usar dos o más sérums simultáneamente, hay varios puntos que debes tener en cuenta:
    • Siempre aplica en orden de más fluido a más espeso.
    • Si son de textura igual o parecida, empieza por el que trate el problema que más te urge solucionar.
    • No uses más de tres a la vez, para evitar sobredosis de principios activos, posibles irritaciones e interacciones entre los componentes (no olvides que tienen origen farmacológico y son un tratamiento profundo).
    • Vigila la composición de cada uno y suma: hay ingredientes absolutamente inocuos en cantidades adecuadas y reguladas por ley, pero si dos o más productos de belleza llevan esos ingredientes en las cantidades permitidas, al ponerte varios cosméticos con ese o esos ingredientes, estarás superando el máximo seguro, lo que puede provocar reacciones adversas (y esto reza para todos los cosméticos, no solo para los sérums: todos los ingredientes suman).

Al elegir el mejor sérum, has de tener muy claro qué efecto quieres conseguir y ser realista al respecto: un sérum antiedad devolverá elasticidad, luminosidad y juventud a tu rostro, pero no puede quitarte 20 o 30 años de encima. Eso no lo consigue ni la cirugía estética, por mucho que lo prometa, porque las células de la piel, como las del resto de nuestro organismo, van perdiendo ritmo a la hora de renovarse.

Además, es importante que los productos que utilicemos estimulen pero no sustituyan la labor de las células de nuestra piel, que las ayuden a trabajar, pero que no hagan su trabajo, porque entonces la piel perderá totalmente su capacidad de regenerarse y mantenerse a sí misma en las mejores condiciones.

Son más fiables los sérums que no contienen demasiados ingredientes (mira el INCI, el listado de ingredientes que aparece en el envase y/o en la caja, si el producto la tiene), por lo que ya te hemos explicado: un exceso es casi la garantía de que ninguno va a actuar de forma realmente efectiva, y estarás gastando dinero en un cóctel inútil.

Para ayudarte en esta jungla de ofertas y opciones, vamos a hacer un análisis de los tipos de sueros y la mejor forma de usarlos, pero ten en cuenta que son orientaciones muy generales. Cada producto concreto presentará sus variantes particulares, así que consulta tu caso con un experto para asegurarte la mejor elección. También la práctica te irá enseñando cómo cuidar tu piel en cada momento.

Finalmente, un apunte que puede parecer trivial pero no lo es: desconfía de los sérums que no se presenten en frascos de cristal que, además, sean opacos, ya que muchos de los ingredientes que contienen son susceptibles a la luz. Y si el envase es hermético, mejor, para evitar la oxidación de sus componentes.

Un reto: ¿te lanzarías a hacer tu propio sérum? Puedes empezar con Cómo hacer sérum facial casero. Más adelante, te propondremos sérums caseros para distintos problemas y tipos de piel.

Tipos de sérums

Tipos de sérum.

Cualquier tipo de suero se puede dividir en especializados, que se relacionan con problemas específicos de la piel, y multifuncionales, que actúan en varias direcciones a la vez. Estos, con mayor frecuencia, se usan para prevenir y retrasar el envejecimiento de la piel.

Sérums antiedad

Están dirigidos a combatir los signos pronunciados de envejecimiento: arrugas, letargo cutáneo, falta de tono y de luminosidad, etc.

En la mayoría de los casos, contienen una alta concentración de ingredientes destinados a revitalizar, tensar, reparar y alisar la piel, como retinol, antioxidantes, ceramidas, colágeno y elastina.

Los que contienen retinol y otros antioxidantes potentes, deben dejarse para la noche, porque es altamente fotosensibilizante, así que el uso durante el día podría favorecer la aparición de manchas e irregularidades.

En Los mejores sérums faciales y antiedad analizamos una selección de productos excelentes.

Sérums hidratantes

Deben usarse por la mañana y/o por la noche, junto con una crema hidratante, para conseguir un rendimiento óptimo de cada uno. Proporcionan una capa adicional de hidratación y alivian la piel irritada.

Son perfectos para el uso diario si tienes la piel especialmente seca, y un tratamiento excelente cuando la piel se reseca temporalmente.

Su componente principal es el ácido hialurónico, capaz de retener humedad hasta mil veces su peso, que suele ir acompañado de glicerina y aceites de origen vegetal,  biocompatibles con la piel (todos los aceites vegetales lo son).

Más en: Mejores serums hidratantes y El sérum ¿sustituye a la crema hidratante?

Sérums para pieles sensibles

Tratan cualquier problema poniendo especial énfasis en calmar y mejorar la piel más reactiva, aunque si tienes problemas serios de sensibilidad o hipersensibilidad debes centrarte primero en ello, para evitar empeorar.

En esta categoría podríamos incluir la piel mixta, que, por su especial constitución es, a veces, difícil de tratar, al combinar zonas de piel seca y sensible con otras de piel grasa (para saber más de la piel mixta: Descubre qué es y para qué sirve el sérum para piel mixta, Prepara tu propio sérum para piel mixta y 5 mejores sérums para piel mixta).

¿Los mejores? Los que se decantan por componentes naturales calmantes, antiinflamatorios y regeneradores de la piel.

Lo ideal es aplicarlos mañana y noche.

Sérums para pieles grasas y/o con acné

Como norma, son sueros a base de agua, que contienen componentes antisépticos y sustancias que regulan el funcionamiento de las glándulas sebáceas.

Son más ligeros y pueden incluir cantidades importantes de ácido hialurónico, que hidrata sin aportar grasa extra a la piel, y es preferible que sean un tanto ácidos, para equilibrar el pH y reducir el tamaño de los poros.

Hay pieles grasas que están más cómodas solo con el sérum, sin añadir crema hidratante, al menos durante épocas del año como el verano, o por la noche.

Puedes saber más si lees Qué es y para qué sirve el sérum para piel grasa, 5 mejores sérums para piel grasa y Cómo hacer tu propio sérum para piel grasa

Sérums nocturnos

Cuando no hay un problema concreto que atajar pero quieres mantener tu piel en buen estado, los sérums especialmente diseñados para la noche aportarán un plus de cuidado que agradecerás.

Recuerda que, ante la ausencia de problemas, lo más recomendable es usar productos ligeros y amables.

Si, por el contrario, quieres un tratamiento específico, la noche es un momento ideal para aplicarlo. En ocasiones, como por ejemplo cuando tu piel es grasa, puede ser incluso recomendable no usar más que el sérum, que trabajará como una auténtica medicina local y muy efectiva.

Sérums antioxidantes

Ayudan a neutralizar los radicales libres que destruyen las células y causan fotoenvejecimiento. En su formulación incluyen cantidades importantes de vitaminas C, A, y E, así como numerosos extractos de plantas.

Son aptos para todo tipo de pieles pero para utilizarlos durante el día constata que no tienen ingredientes que reaccionen negativamente a la luz solar.

Si quieres más sobre sérums atioxidantes, no te pierdas Por qué utilizar un sérum antioxidante y 5 Mejores sérums antioxidantes.

Sérums exfoliantes

Su principal función es limpiar la piel en profundidad,  disolviendo o ayudando a expulsar tanto las células muertas como micropartículas de suciedad.

Es recomendable dejarlos para la noche, cuando la piel se regenera, y no abusar de ellos, ya que una piel demasiado exfoliada pierde integridad.

Pueden ser exfoliantes mecánicos, es decir, que limpian «arrastrando» suave pero efectivamente, gracias a partículas o gránulos de origen sintético (no te recomendamos estos) o vegetal, tales como polvos, cáscaras pulverizadas, etc.: exfoliantes químicos, que contendrán ácidos como el salicílico o el glicólico; exfoliantes enzimáticos, la última incorporación tecnológica, que limpian gracias a probióticos y enzimas naturales obtenidas de plantas y frutas, que degradan las células muertas, favoreciendo su renovación e incrementándola, lo que da lugar a una piel renovada.

Los exfoliantes químicos pueden producir reacciones, irritación y microquemaduras, así que utilízalos de forma prudente y no continua.

No utilices exfoliantes de ningún tipo durante demasiado tiempo seguido, porque conseguirás dañar tu piel en vez de recuperarla, erosionándola y privándola de todas sus defensas (la barrera celular, la capa hidrolipídica y el pH adecuado). Lo ideal es hacerlo una vez por semana, de media. Si tienes la piel sensible, espacia más su uso y asegúrate de que no empeoran tu cutis.

Sérums aclarantes

Una excelente herramienta en la lucha contra la hiperpigmentación y cualquier otro problema de manchas.

Encontrarás fórmulas a base de ingredientes naturales muy efectivos, como el regaliz -por citar uno- y otros que pueden contener partículas reflectantes para resultados instantáneos, agentes abrillantadores y exfoliantes ácidos.

Te recomendamos los que apuestan por ingredientes naturales: sus efectos son duraderos y no son agresivos.

Por su composición, a base de agentes fotosensibilizadores, hay que utilizarlos por la noche, y hacer una prueba para comprobar que no provocan reacciones adversas.

Te contamos más en Cuándo utilizar un sérum antimanchas y 5 mejores sérums antimanchas.

Ingredientes: cómo buscarlos, valorarlos y elegirlos

No vamos a hacer un listado de todos los ingredientes que pueden contener los sérums, porque sería infinito y, seguramente, incompleto.

Toda sustancia que pueda ser transportada hacia las capas internas de la piel, por estar realizada con moléculas muy pequeñas, es susceptible de ser añadida a un suero facial.

El (famoso) INCI

Ingredientes del sérum.

Para saber qué ingredientes tiene cualquier producto cosmético, hay que leer el INCI, que, obligatoriamente, tiene que listar todos ellos, en orden descendente, de mayor a menor concentración. Lo que no es obligatorio es declarar en qué cantidad o proporción aparecen los productos (poquísimos fabricantes lo hacen), y los que están presentes sólo en un 1% o menos no están obligados a aparecer siguiendo el orden descendente, pero siempre serán los últimos de la lista.

INCI son las siglas de «International Nomenclature Cosmetic Ingredients», en inglés, lo que traducido a español quiere decir: Nomenclatura Internacional de Ingredientes de Cosméticos.

Esto significa, a efectos prácticos, que si te hablan de las magníficas propiedades del compuesto que sea y este está casi al final del INCI, su aparición en la fórmula es meramente decorativa y es muy posible que no sirva más que para eso, para decorar, excepto cuando hablamos de algún ingrediente especialmente potente o cuya dosis está regulada y controlada por ley.

Lo deseable es que al final aparezcan los conservantes, mejor naturales siempre. Los conservantes son necesarios casi siempre: de otra manera, las mezclas se degradarían en cuestión de días. 

En cuanto a los perfumes o las fragacias, un sérum no debería tenerlos, por su alto potencial irritativo.

Te preguntarás cómo interpretar el INCI.

Hay dos tipos de ingredientes: los naturales, es decir, las plantas, que aparecen con su nombre botánico en latín, y de las que a veces se especifica si se utilizan las raíces o las partes aéreas (troncos, tallos, hojas y flores) y los de origen sintético, que aparecen en inglés. Además, cada fabricante puede listarlos también en otro u otros idiomas, si quiere.

Que un ingrediente sea sintético no significa que sea de origen puramente químico, sino que ha sido sometido a un proceso y no se utiliza tal como se da naturalmente. Así, entre los ingredientes sintéticos hay que distinguir los que son de origen orgánico, los aceites minerales y los hidrocarburos, las vaselinas (parafinnum, petrolatum son algunos de sus nombres), los parabenos (aparecen con sufijo -paraben), las siliconas, los sulfatos, el aluminio, las aminas

Algunos de estos ingredientes son potencialmente tóxicos y otros lo son cuando se acumulan en la piel, lo que puede ocurrir si utilizamos varios productos que los contengan, consecutivamente.

Cuando un ingrediente está señalado con un asterisco, significa que es de cultivo ecológico certificado, y si tiene dos, que es una sustancia obtenida, mediante un proceso natural, a partir de un ingrediente ecológico (por ejemplo, aceites de primera presión en frío de origen ecológico).

Aclarado un poco el asunto del INCI, veamos por encima algunos de los ingredientes más comunes en los sérums, y sus propiedades.

Ácido hialurónico

Puede considerarse el rey de los sérums, junto con la vitamina C, ya que juntos tienen un gran poder antioxidante, y suele aparecer en casi todas las formulaciones, aunque a veces lo haga hacia el final del INCI, lo que sin duda les restará efectividad.

Y es el rey porque no solo tiene una apabullante capacidad hidratante, que, además, puede modular en función de las condiciones ambientales y de cada piel, sino que estimula la creación de colágeno, los procesos de renovación celular y regeneración cutánea, a la vez que reduce las manchas y frena su aparición.

Es fácil entender por qué es el número uno y por qué todas las marcas se lo apuntan.

Te sugerimos: Para qué sirve el sérum de ácido hialurónico, Cómo hacer sérum casero con acido hialuronico, 5 mejores sérums con ácido hialurónico.

Coenzima Q10

Es una sustancia algo peculiar, ya que es antioxidante y liposoluble al mismo tiempo. La capacidad de nuestro organismo para producirla va mermando notoriamente con la edad, afectando al aspecto de la piel.

Si se conoce es, sobre todo por sus efectos antiarrugas, pero hay que destacar su capacidad para reparar los daños causados por el sol, que son, en muchísimas ocasiones, el principal problema de un cutis ajado, seco y prematuramente desmejorado.

Favorece la homeostasis (la estabilidad interna), la inmunoprotección, la salud celular a varios niveles y rebaja el estrés oxidativo de las células.

Colágeno

Es, junto con la elastina, el responsable de la fortaleza y la elasticidad de la piel, y no solo de esta, ya que forma parte, prácticamente, de todos y cada uno de nuestros órganos, tejidos, etc.

La edad va mermando la capacidad de producir colágeno, ralentizando el proceso, lo que explica mucho el aspecto cada vez menos firme y flexible de nuestra piel.

A partir de los 20 años la pérdida de capacidad de producción de colágeno disminuye, como mínimo, en un 1 % anual: las condiciones externas e internas pueden acelerar el proceso (la excesiva exposición al sol es una de las principales causantes de este deterioro).

Por el tamaño de sus moléculas, no resulta fácil conseguir que penetre hasta la dermis, aunque parece que sus efectos sí alcanzan capas profundas de la piel, así que los cosméticos de vanguardia buscan los llamados precursores del colágeno, como el procolágeno, que se encargan no de aportar colágeno, sino de estimular la producción del mismo en el organismo.

Tiene un papel importante en la hidratación y la regeneración de los tejidos.

­ Antioxidantes

Como su propio nombre indica, evitan la oxidación de las células y la proliferación de radicales libres en la piel, que están directamente implicados en los procesos de envejecimiento y en los de inflamación e irritación.

Muchos de ellos aumentan la sensibilidad cutánea a los rayos solares y pueden ser irritantes, así que, ante la duda, si no encuentras indicaciones precisas por parte del fabricante, déjalos para sérums de noche.

Por otro lado, la falta de avisos al respecto puede significar que su contenido en antioxidantes no es significativo (pero no es necesariamente así, ya que se van consiguiendo formulaciones aficaces y exentas de riesgo fotosensibilizador y/o irritante).

  • Vitamina C

También conocida como ácido ascórbico o L-ascórbico, puede aparecer con nomenclaturas cuya raíz sea ascorb-.

Si el ácido hialurónico es el rey, la vitamina C es la reina de los sérums. Sus propiedades son muchas, todas de efectos espectaculares (antiinflamatoria, exfoliante, reguladora, regeneradora y un largo etc.), pero podemos resumirlos diciendo que es el ingrediente mágico que devuelve a la piel luminosidad, uniformidad, así como un aspecto juvenil y descansado.

En concentraciones altas (más del 20 %) pierde efectividad y puede llegar a ser irritante.

  • Vitamina A

Aparece en muchas ocasiones con el nombre de retinol o con cualquier otro cuya raíz sea retin-.

Además de ser antioxidante, es cicatrizante, levemente exfoliante, y mejora la piel en profundidad, interviniendo en la síntesis de la elastina y el colágeno; protege frente a los rayos UV.

También puede ser irritante y fotosensibilizante, aunque ya existen formas en el mercado que soslayan estas desventajas, permitiendo su incorporación a formulaciones para el día.

  • Vitamina E

Penetra profundamente en la piel, reparándola y protegiéndola. Aporta oxígeno y mejora la microcirculación cutánea, indispensable para tener una piel bien alimentada y limpia desde dentro.

  • Vitamina B3

También conocida como niacina, ácido nicotínico o factor PP.
Se trata de un potente antioxidante que previene la aparición de manchas, interviene en la producción de grasa, tiene un importante efecto antiinflamatorio, refuerza la barrera cutánea y mejora la absorción de otros componentes.
En dosis inferiores al 5% no tiene efecto alguno.

  • Carotenoides

Los carotenos, alfa y betacarotenos son los más conocidos. Son muy efectivos como fotoprotectores, antiinflamatorios, cicatrizantes y regeneradores, y alguno, como la luteína, es altamente hidratante.
Ingeridos, son fundamentales no solo para la salud de la piel, sino para la de todo nuestro organismo.
Como posiblemente habrás oído muchas veces, se encuentran en frutas y verduras rojas, naranjas y amarillas, pero no solo en estas.

  • Polifenoles

Entre los que se encuentras los flavonoides, las isoflavonas y el resveratrol.
A su conocida y publicitada acción antioxidante hay que sumar que son vasodilatadores, mejoran la microcirculación y la absorción de principios activos y ayudan a la piel en el proceso de renovación celular, evitando la inflamación que muchas veces acompaña a esta.

Hidroxiácidos

Los ingredientes del sérum.

Ácidos cuya función principal, pero no única, es exfoliar y facilitar, por lo tanto, la renovación celular, que se hace más lenta con la edad.

Son perfectos para sérums de noche, ya que es el momento en el que nuestro cutis realiza las tareas de limpieza y mantenimiento de forma más profunda y efectiva, entre otros motivos, porque durante la noche no tiene que estar alerta ante las agresiones del entorno, y así evitaremos problemas con estos ácidos que pueden irritar y producir manchas durante el día.

Si son hidrosolubles estaremos hablando de los alfahidroxiácidos, muy adecuados tanto para pieles secas como para pieles con exceso de grasa, espinillas e hiperpigmentación.

Exfolian las capas más superficiales de la piel, favoreciendo y acelerando los procesos de renovación celular, aumentando la densidad dérmica, suavizando arrugas, hidratando, equilibrando la producción de sebo y optimizando los efectos de otros ingredientes al mejorar su penetración.

Entre estos están el ácido láctico, el cítrico, el glicólico, el málico o el tartárico.

Los que son liposolubles se conocen como betahidroxiácidos (el ácido salicílico) y, gracias a su compatibilidad con las propias grasas de la piel, consiguen llegar a zonas más profundas de esta, realizando allí un acción exfoliante y de limpieza.

Ideales para pieles sensibles y con poros obstruidos, ya que limpian estos suave pero muy eficientemente, mientras corrigen la inflamación, desinfectan y alivian las microirritaciones dérmicas.

Son excelentes para homogeneizar el aspecto de la piel y reducir manchas y señales visibles de envejecimiento.

Lípidos

Grasas de origen orgánico, perfectamente biocompatibles con nuestras propias grasas, que restauran y mantienen la barrera dérmica.

Destacamos entre ellos las ceramidas, fundamentales en la estructura de la piel, los ácidos grasos Omega 3, 6, 7 y 9 , los fosfolípidos, y los fitoesteroles.

Probióticos y prebióticos

Cada vez más sérums los incorporan, aunque su efectividad a la hora de restaurar y conservar la microbiota cutánea está siendo estudiada y no hay, todavía, conclusiones definitivas al respecto.

A la hora de elegir un sérum, debes tener en cuenta no solo cada ingrediente, sino la sinergia entre ellos, ya que, combinados se potencian unos a otros, multiplicando sus beneficios y eficacia. Finalmente, un sérum es como un cóctel que va directo al fondo de la piel, para sanarla y cuidarla desde allí y trasladar sus virtudes al aspecto de nuestro rostro.

Recomendaciones finales

  • Valora la conveniencia de incorporar el sérum a tu rutina cosmética en función de tus necesidades, tu edad y tu ritmo de vida.
  • Infórmate y consulta con profesionales que puedan orientarte.
  • Experimenta hasta dar con tu fórmula ideal.
  • Aprende a distinguir entre los sérums tratantes y los de mantenimiento.
  • Deja descansar a tu piel periódicamente: te lo agradecerá.
  • Recuerda: cuantos menos ingredientes, mejor; cuanto más naturales, también mejor.
  • Revisa el INCI para cerciorarte de que pagas por lo que prometen.
  • Que un sérum no te funcione, o incluso te produzca algún tipo de reacción, no significa que todos vayan a hacerlo. En absoluto.
  • Sé constante si quieres ver resultados a medio y largo plazo.

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