Qué es y para qué sirve el sérum para hombres

Serum

El sérum para hombres

¡El sérum! ¡Está por todas partes!

Hace años que las mujeres no dejan de hablar de ese producto milagroso, que les soluciona problemas faciales, devolviendo a sus rostros el aspecto luminoso y descansado que todos deseamos.

Si no lo sabes todavía, te lo contamos: hay ya muchos sérums para hombres, así que si te dan envidia las mujeres, olvídate y pruébalo. No te arrepentirás.

Si ya lo usas, no tengo nada que decirte que no sepas sobre las maravillas que hace en la piel.

¿Pero qué (demonios) es el sérum?

Hasta la gente que lo ha adoptado como un imprescindible de sus rutinas diarias se hace, en ocasiones, esta pregunta.

El sérum es un cosmético tratante, no meramente hidratante, cuyo éxito se apoya en la alta concentración de principios activos que contiene, la potencia de estos y su capacidad para llegar a las capas más profundas de la piel, donde realmente se gestan y nacen los problemas que luego nuestras caras reflejan.

Y todo esto acompañado de una textura suave y ligera, que facilita que se absorban rápidamente, sin dejar ninguna sensación de grasa o pringue.

Da lo mismo que sea para hombres o mujeres, la condición de la piel, la edad, los problemas arrastrados: hay un sérum que lo trata y lo mejora o lo soluciona de forma espectacular.

¿No te lo crees? ¡Pregunta! Y si todavía eres escéptico, pruébalo y te convencerás.

Los sérums están hechos a base de moléculas muy pequeñas, y esa peculiaridad es la que les permite llegar allí donde ningún otro cosmético llega.

La piel, que es nuestro mayor órgano, es también el que más expuesto está. Para que te hagas una idea, la piel de un adulto medio, extendida, ocupa una superficie de unos 2 metros cuadrados, y pesa entre 4 y 5 kilos.

No es uniforme, sino que su espesor, consistencia, resistencia y contenido de grasa varía según la zona del cuerpo y, por supuesto, de un individuo a otro, de una raza a otra y de un sexo a otro.

Sus características también cambian con la edad, y no solo a causa del envejecimiento: la piel de los bebés y los niños pequeños no tiene nada que ver con la de los adolescentes, por ejemplo.

No solo es el órgano que nos pone en contacto con el mundo y, a la vez, nos protege de él: la piel es tremendamente sensible a cualquier cambio de nuestro cuerpo y lo refleja de forma inmediata e inequívoca.

El estrés, la alimentación, las adicciones, la falta de ejercicio, en definitiva, nuestro ritmo de vida, afectan profundamente al estado de nuestra piel. Es como un sensor exterior del nuestro estado interno, físico, fisiológico, mental, emocional y psicológico.

Tan es así, que una gran parte de las enfermedades que la aquejan guardan una relación directa con nuestro estado vital. Las dermatitis de todo tipo, la psoriasis, la rosácea y muchas otras mejoran o empeoran ostensiblemente en función de nuestro estado anímico y de salud.

Está formada por tres capas, a su vez divididas en varios estratos:

  • La epidermis.

Es la capa externa de la piel, la que está en contacto directo con el entorno y nos protege de sus continuas agresiones: el sol, el frío, la contaminación, la sequedad, y un largo etcétera.

Funciona como un auténtico escudo: no tiene riego sanguíneo propio, y se alimenta de los capilares de la dermis (la capa justo por debajo de ella), y está compuesta por células cuyo cometido es «servir y proteger», Tal cual.

En su mayor parte la componen los queratinocitos, células hechas de queratina, que se originan en la zona profunda de la epidermis y van migrando hacia el exterior, donde pierden su núcleo (mueren como células) pero siguen haciendo un insustituible trabajo de defensa: cuando llegan a la superficie forman la capa córnea.

Esta constituye un auténtico muro de contención, en el que los ladrillos son los queratinocitos muertos, sostenidos por otro espectacular componente de la piel, la barrera hidrolipídica, compuesta por grasa y ácidos producidos por la propia piel, en la dermis y la hipodermis, que actúan como un cemento y más.

Porque en la superficie de nuestra piel habita todo un mundo de microorganismos cuya estabilidad es necesaria para la salud cutánea, y que se alimenta de, vive y crece en el caldo de la película hidrolipídica. Estos moradores -bacterias, virus, hongos y parásitos- también defienden la piel, luchando por el espacio vital con otros de su misma naturaleza pero que resultan ser una amenaza para nosotros y, además, apoyan y regulan nuestro sistema inmune.

La capa hidrolipídica es la encargada, además, de mantener el pH de la piel en niveles saludables (otra forma de mantener a raya a los organismos indeseados).

Los queratinocitos acaban desprediéndose de la piel por descamación.

Un dato curioso:  parte de eso que llamamos polvo en nuestras casas, son células epiteliales muertas y desprendidas (si has oído que hasta un 70 %, no te lo creas, porque no es cierto).

En la epidermis tenemos también los melanocitos, que nos protegen de los rayos solares; células de Merkel, que nos permiten tener la sensación de tacto; células de Langerhans, que interactúan con el sistema autoinmune; y células inflamatorias, que reaccionan a las agresiones (otra línea de defensa).

Todo esto en un grosor que no supera, 1,5 mm en las partes más voluminosas, o 0,05 mm en las más finas.

  • La dermis

Es la capa intermedia y, como tal, hace de puente entre la epidermis y la hipodermis, o entre la primera y el organismo, según algunos autores, que no consideran la hipodermis como parte de la piel.

Está compuesta principalmente de colágeno (¿a que te suena?) y elastina, dos proteínas que confieren a la piel su resistencia y elasticidad; glándulas sebáceas y sudoríparas; capilares, vasos sanguíneos y terminaciones nerviosas, además de células musculares y otras implicadas en la protección y defensa.

Según las zonas del cuerpo, su grosor oscila entre los 0,5 y los 3 mm.

  • La hipodermis

Es, básicamente, una capa de grasa que está para proteger al cuerpo de traumatismos y juega un papel primordial en la homeostasis de su temperatura.

Sus células más abundantes son las adiposas, encargadas de acumular la grasa, y en ella hay también vasos sanguíneos, glándulas sudoríparas, nervios y células implicadas en la inmunidad.

Su grosor es muy variable, ya que las células adiposas tienen una gran capacidad de almacenamiento de grasa, por lo que depende del individuo, su constitución y su estado físico general. Hay zonas del cuerpo que apenas tienen células adiposas.

Se puede decir que la piel es un complejo sistema de defensa y protección, perfectamente diseñado para garantizar sus funciones. Siempre y cuando esté sana, claro.

¿Por qué toda esta disertación sobre la piel? (¿De verdad se te ha hecho largo y/o pesado? Imagínalo como una película de acción y verás que es fascinante: ¡cualquier ejército querría defensas y armas como esas!).

Para que entiendas cómo funciona el sérum, y por qué lo necesitas

Así que volvemos al (maldito) sérum.

¿Cómo (rayos) funciona?

Cómo funciona el sérum

Llega a las capas profundas de la piel gracias a sus moléculas pequeñísimas. Es decir, entra directamente hacia la dermis, y allí, sus ingredientes potentes y concentrados comienzan su trabajo de reparación, reestructuración, estimulación y curación.

Es como un comando especializado, que trabaja donde tiene que hacerlo, para hacer lo que tiene que hacer y arreglar lo que tiene que arreglar, atacando el problema desde la raíz.

Porque de nada sirve, por ejemplo, poner sobre la piel cualquier cosmético lleno de colágeno si este no es capaz de llegar hasta donde es necesario.

Y aún mejor y más sutil: muchos sérums no contienen colágeno (seguimos con el ejemplo), sino precursores del mismo, es decir, ingredientes que harán que la piel mejore su propia fabricación de este.

En cierto sentido, se puede decir que los sérums son inteligentes. O, por lo menos, bastante espabilados.

¿Y si tienes abiertos varios frentes? No hay problema, ya que puedes utilizar varios sérums simultáneamente. Más adelante te diremos en qué orden. Eso sí, no te aconsejamos que uses más de tres a la vez, para evitar una borrachera a la dermis, con la consiguiente confusión e ineficacia por exceso de estímulos.

¿Te apetece saber más para elegir el tuyo? Mira todo esto:

La unión hace la fuerza

La forma en que funciona el sérum explica por qué no sustituye a la  crema hidrante y por qué necesitas ambos productos.

Lo vemos por encima un poco más despacio.

La clave está en las moléculas, aunque las diferencias entre uno y otra van más allá.

Las cremas hidratantes, en cualquiera de sus posibles formatos, tienen una base más o menos grasa, y las moléculas de grasa son grandes, es decir, no pueden penetrar a través de la epidermis. De lo que se deduce que ninguno de sus componentes puede hacerlo, ya que el vehículo no se lo permite.

El cometido de la crema es, justamente, secundar a la epidermis en su misión, y lo hace muy bien:

  • Aportando humedad y grasa, que evitan que la piel pierda las propias y que el entorno se las quite.
  • Aportando nutrientes e ingredientes que la reparan a nivel microscópico, si es necesario, o simplemente, la refuerzan para que ella misma siga reparándose.
  • Aportando factores que mantienen o le devuelven su pH, para garantizar la salud del manto hidrolipídico y de la microbiota.

Las cremas crean una película sobre la epidermis, la curan y la mantienen. Nada más. Y nada menos.

La sinergia entre la una y el otro da como resultado una piel mejorada, sana desde la raíz, fuerte y capaz de afrontar el día a día.

¿Cuándo puedes prescindir de uno de ellos?

Si eres muy joven y no tienes ningún problema específico en la piel, no necesitas un sérum.

En cuanto tengas acné, demasiada grasa o sequedad, hayas abusado del sol, tengas la piel sensible, etc., un sérum te ayudará a mejorar. En ese caso, ¡cuanto antes, mejor!

Es posible que no lo necesites para siempre. Una vez corregido el contratiempo, no te hará falta y, de hecho, deberás dejarlo. Si te has enganchado a él porque te encanta la sensación que deja en tu piel y los resultados, puedes seguir usándolo, pero deberás cambiar de fórmula y buscar uno, no demasiado potente, que se limite a hidratarte en profundidad y a preparar la piel para los cambios que la edad conlleva.

Si eres perezoso para el cuidado constante, malas noticias: no puedes prescindir de la hidratante bajo ningún concepto, porque es el cuidado mínimo y más básico que tienes que proporcionar a tu piel si quieres asegurar su buen estado.

Para esta regla de oro, ¡cómo no!, hay una excepción: que tengas la piel muy grasa. Entonces, en situaciones muy concretas, sí puedes prescindir de la hidratante, siempre y cuando te apliques el sérum. Da lo mismo cómo sea tu piel, siempre necesitará que le prestes una atención básica para mantenerla bien.

¿Piel grasa? Puedes pasar de la hidratante, si te pones un sérum, por las noches o durante el verano, aunque en esta última situación nuestro consejo es que no lo hagas como norma, y busques una hidratante ligera.

De lo que no puede prescindir ninguna piel es de la protección solar. Y si no lo tienes claro, te damos un argumento contundente: el sol es el factor que está detrás de la mayor parte del deterioro cutáneo, capaz de estropear una piel joven y lozana en poco tiempo. Con el agravante de que sus efectos no son visibles hasta que el daño es considerable, así que más vale prevenir que curar.

El protector solar deberías usarlo a diario, en cualquier época del año, pero no puedes plantearte la posibilidad de no usarlo en los períodos de mayor intensidad, que no so sólo los días de verano, sino también la primavera y gran parte del otoño.

Al estar expuesta día y noche, la piel es un órgano muy delicado. No lo olvides. Puede que te parezca que tu piel es diferentes, que tienes suerte y no le afectan todas esas cosas que sí afectan a los demás, pero te engañas: cuando los problemas salen a la luz (y esta, en el caso de la piel, es una expresión literal), el daño soterrado es importante, y la recuperación menos fácil y más costosa en tiempo, dinero y energía. Cuanto más lo dejes, más bajarán las probabilidades de una recuperación total o, al menos, significativa.

Más información sobre sérum vs. crema:

Un poco de orden

A lo tonto, tenemos tres productos imprescindibles que no funcionarán si no los aplicamos siguiendo una secuencia concreta.

Un dato que te ayudará a saber cómo proceder: ante la duda, siempre debes ponerte los cosméticos de más ligeros a más densos.

Por lo mismo, el orden de aplicación es: sérum, hidratante y protector solar.

El protector solar tiene efecto pantalla, así que siempre ha de ser el último, para que rechace, de forma realmente efectiva, el ataque de los rayos solares.

Hay hidratantes que incorporan factor de protección, aunque numerosos estudios al respecto han demostrado que son mucho menos efectivas, así que puedes usarlas, si quieres, durante el invierno, cuando el sol es una amenaza menor. A unas malas, será mejor una hidratante con protector solar añadido, que nada. Que conste: no es, ni de lejos, la opción más inteligente. 

¡A por ellos!

Los sérums para hombres

No, no hemos terminado. Queda saber cómo aplicar cada producto.

Regla de oro para todos: suavidad. No frotes, porque irritarás la piel y la dañarás a nivel microscópico. Además, no hace falta.

Lo primero, sí o sí, es tener la piel muy limpia. Tú eliges si la limpias con leche y tónico o si prefieres agua y jabón, pero usa un jabón adecuado, que no altere el pH y no sea cáustico, porque se trata de limpiar, no de arrasar las defensas de la epidermis.

Dejar algo de humedad sobre la superficie cutánea ayudará a la absorción del sérum o de la hidratante.

El sérum debe aplicarse sin extenderlo, o haciéndolo muy ligeramente. Recuerda que se absorbe con rapidez, con lo que lo mejor es aplicar una técnica que ayude y no interfiera en el proceso.

¡Ojo! La cantidad de producto necesario es muy pequeña. Los sueros son concentrados y ligeros, así que cunden mucho. Si te pasas no conseguirás mejores resultados y puede, incluso, que la piel se irrite por el exceso.

Si es denso, caliéntalo antes frotándolo entre las dos manos, con los dedos o las palmas, depende de cómo vayas a aplicarlo.

La mejor forma de ponértelo es a base de toques de las yemas de los dedos, o bien presionando, sin extender casi, con estas o con las palmas de las manos, de dentro hacia afuera del rostro, evitando la zona del contorno de ojos, donde la piel es más fina y sensible y puede reaccionar ante la potencia del sérum. Hay sérums específicos para esta zona, y si los utilizas, hazlo antes del facial.

Deja que la piel lo absorba del todo antes de ponerte la crema, también de dentro afuera, con un suave masaje. El calor de las manos y el masaje ayudarán a extenderla y a que penetre mejor en la epidermis.

Al contrario que con el sérum, con la crema hay que ser generosos, pero comedidos, para evitar que quede un exceso molesto y pringoso.

Pon el protector solar después de esperar unos minutos a que la crema impregne bien la piel y no deje restos en la superficie. Hay que aplicarlo, al menos, 20 minutos antes de exponerte al sol.

Y recuerda que todos estos tratamientos debes aplicarlos no solo en la cara, sino también en el cuello y la parte del torso que vaya a estar expuesta a la intemperie. La piel del cuello y de la parte superior del pecho es tan delicada como la del rostro y necesita los mismos cuidados.

¿Sérum para hombres?

Sí y no.

, claro, porque encontrarás muchos bajo ese reclamo.

No, porque la piel de los hombres no es diferente a la de las mujeres en sus componentes y sus necesidades. Es decir, una piel femenina o masculina necesita los mismos cuidados cuando presentan los mimos retos: sequedad, grasa, acné, arrugas, etc.

Entonces, te preguntarás, ¿por qué sérum para hombres y sérum para mujeres?

Es una cuestión, principalmente, de marketing y de gustos.

En los productos de belleza e higiene se hacen líneas para ambos sexos por varios motivos:

  • Los hombres suelen preferir texturas más ligeras (tienen, en general, la piel más grasa) y las mujeres más nutritivas.
  • El olor es un factor importante, y los gustos de unos y otras en este aspecto, difieren significativamente.
  • Los colores de los envases juegan un papel relevante a la hora de hacerlos más atractivos, y también aquí hay una gran diferencia entre ambos sexos.
  • Cuando empezaron a popularizarse los cosméticos masculinos, las empresas pusieron mucho cuidado en la creación de líneas «muy masculinas», para distanciarse de las femeninas y así conquistar a los «machos» reticentes.

Lo cierto es que no hay una diferencia de pieles por sexo, y, como los sérums no suelen llevar perfume añadido (evita los que lo tengan, porque no solo es potencialmente irritante, sino que es, en todo caso, desaconsejable para este tipo de productos, por muchos motivos), si te abres a cualquier posibilidad, tendrás a tu alcance un montón  de opciones más.

De hecho, hay en el mercado muchos sérums que son unisex, es decir, que han sido concebidos tanto para hombres como para mujeres, y sus diseños así lo avalan.

Conclusión: no te limites a los sérums presuntamente masculinos. Todos son aptos para todos y, si te atreves, tendrás muchas más alternativas a tu alcance.

¿Te atreves a hacer tu propio sérum? Déjanos contarte cómo empezar en Cómo hacer sérum facial casero.

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