Cómo hacer sérum facial casero

Serum

Sérum qué es

¿Por qué el sérum?

El sérum es es cosmético del que todo el mundo habla maravillas. Y cuando decimos todo el mundo, no nos referimos solamente a todas las empresas que lo publicitan a todas horas.

Quienes utilizan sérum a diario no cuentan más que cosas buenas de él y de los resultados sobre su cutis.

Por algo será. De hecho, las razones principales son las siguientes:

  • El sérum tiene una alta concentración de principios activos potentes.
  • Tiene una gran capacidad de penetración, gracias a que sus moléculas son tan pequeñas que pueden migrar rápidamente hasta las capas más profundas de la piel.
  • Se absorbe fácil y rápidamente.
  • Los resultados son visibles en muy poco tiempo.
  • Realmente, sana y recupera la piel desde dentro, si se utiliza adecuadamente y el tiempo suficiente.

Empezó siendo más un tratamiento farmacéutico que un cosmético, ideado para dar solución a problemas concretos de la piel que no podían atajarse con las cremas y lociones convencionales, cuyas moléculas, demasiado grandes, no consiguen colarse hasta los sustratos más profundos de la epidermis y, mucho menos, hasta al dermis, que son las zonas de la piel en la que se hay trabajar para lograr cambios significativos y no solo cosméticos.

Su éxito fue tal que, pese a su elevado precio en sus principios, no ha tardado demasiado en generalizarse y pasar a formar parte de nuestra rutina diaria de cuidado y belleza.

Se eligen, principalmente, por el tipo de asunto a abordar, aunque también los hay pensados para hacer un mantenimiento a fondo de la piel, apoyando y estimulando sus propios procesos de renovación y equilibrio.

Puedes saber más sobre el sérum en estos artículos:

¿Por qué un sérum casero?

Porque la oferta es enorme, apabullante, y hace que elegir el mejor sea, en ocasiones, una tarea hercúlea, frustante y desgastante.

Porque no encuentras lo que quieres, pese a tantísima oferta.

Porque no te fías de los ingredientes que contienen muchos de los sérums en el mercado o de su efectividad real (presumen de ingredientes que contienen en tan escasa proporción que su presencia es meramente nominal, para poder decir que el producto los lleva, y no mienten, pero sí engañan).

Porque quieres tener el control de la calidad de tus ingredientes.

Porque prefieres probar hasta dar con la fórmula que funcione mejor para tu piel.

Porque te encanta enredar y experimentar, te divierte y se te da bien.

¿Qué ingredientes elegir?

Si te aturde la oferta no creas que las posibilidades, a la hora de seleccionar ingredientes, son más reconfortantes, de entrada.

Aquí te vamos a sugerir sérums cuyas recetas han sido probadas con resultados buenos o mejores, a veces espectaculares, dependiendo en mucha medida, del estado de tu piel y de la calidad de los ingredientes.

A eso vamos: investiga para hacerte con ingredientes de calidad, o tu gasto de dinero, tiempo y energía serán para nada, y tu frustración crecerá. Es más, trabajar con ingredientes de origen dudoso puede poner en riesgo la salud de tu piel, ya que hay quienes rebajan los principios activos con alcohol y otras sustancias potencialmente irritantes o alergénicas.

No queremos desanimarte, ni mucho menos, pero sí hacerte entender por qué es importante que te tomes tu tiempo para conseguir los mejores ingredientes.

No es una cuestión de precio: por ejemplo, muchos de los aceites esenciales de padre y madre desconocidos intentarán cobrártelos al mismo precio que si fueran buenos.

Y si encuentras ingredientes muy baratos, desconfía, porque, aunque no tienen por qué ser carísimos para ser de calidad, lo cierto es que, por la forma en que se obtienen de la naturaleza y la concentración de activos que contienen, no son baratos.

Lo que no significa que hacer tu propio sérum vaya a costarte un potosí. Nada más lejos.

Hablamos siempre de cantidades muy pequeñas, como veremos más adelante.

Y vamos a facilitarte la vida bastante, porque nos ceñiremos a ingredientes accesibles, de manejo fácil y seguro: básicamente, aceites vegetales y aceites esenciales o esencias.

Para hacer productos más elaborados necesitarías material profesional de pesaje y manipulación, y conocimientos exactos de los procesos, que comprenden calentar, mezclar en proporciones muy precisas y pequeñas, así como realizar otras tareas propias de químicos y farmacéuticos.

Eso sí, te garantizamos que los resultados serán magníficos.

Antes de empezar, vamos a dejar claros algunos conceptos básicos y necesarios para asegurar el éxito de nuestra empresa. 😉

Aceites portadores

Sérum aceites portadores

También llamados vehículos o aceites base, porque se utilizan para transportar y distribuir proporcionalmente el resto de los ingredientes de forma segura y fácil.

Los aceites de origen vegetal son uno de los grandes regalos que nos hace la naturaleza.  Hechos a partir de frutos, semillas y granos de muy diversas plantas, tienen una altísima biocompatibilidad con las grasas de nuestra piel, lo que significa que esta los acepta casi como propios y no hay problemas de rechazo o reacciones alérgicas, excepto en casos muy concretos y contados. Pero hay tantos donde elegir que no te quedarás sin tu suero casero por este motivo. ¡Seguro!

Hemos dicho que son siempre de origen vegetal, exclusivamente. Ni las mantecas (incluso las vegetales como la de karité, la de cacao o la de coco), ni los aceites minerales ni ningún compuesto químico oleoso como los aceites sintéticos te servirán, porque no son capaces de penetrar en más allá de las primeras capas de la epidermis.

Otra de sus muchos beneficios es que restablecen y equilibran el pH cutáneo: un pH adecuado es primordial para tener una piel sana.

Son fundamentales en la elaboración de la receta, así que no debes escatimar a la hora de comprarlos.

Busca el mejor y asegúrate de que es un aceite sin refinar, prensado en frío, o estarás gastando principios activos en una base inútil que puede, además, afectar negativamente a tu piel (no es lo mismo un aceite de girasol sin refinar que el que usamos normalmente en la cocina, que ha sido sometido a procesos encaminados a hacerlo más duradero que le privan de la mayoría de sus beneficios).

Si lo eliges de cultivo biológico certificado, mejor, pero tampoco es necesario y eso sí que puede salirte bastante más caro. En todo caso, cuando tengas ya cierta experiencia y soltura, plantéatelo, pero no antes.

Vas a usarlo para tus mezclas, para ponértelo en la cara, con otros similares y con las esencias, así que no estropees el invento con productos inadecuados.

Por sus características, tienen una vida limitada -pero no breve-: si notas un olor extraño o a rancio en tu aceite, deséchalo. Por esta misma razón, no compres grandes cantidades de una vez.

Esencias o aceites esenciales

Obtenidos de todo tipo de plantas, de alguna de sus partes (raíces, troncos, tallos, hojas, flores, frutos y semillas) o varias de estas, mediante diferentes métodos: destilación, presión, filtración, maceración o con la participación de disolventes.

No son realmente aceites, aunque tengan un aspecto y un tacto oleoso (de ahí lo de aceites esenciales), sino, efectivamente, esencias, es decir, concentrados que condensan las mejores propiedades de las plantas de las que proceden.

Son muy ligeros y volátiles; los hay que se oxidan con facilidad en contacto con el aire y los que son fotosensibles (reaccionan a la luz, que puede degradarlos en poco tiempo); son no grasos -pese a su apariencia y su nombre- y muy aromáticos.

Una pista muy evidente de si un aceite esencial lo es, es su envase, de cristal y siempre opaco, en colores oscuros (el azul y el ámbar son los más comunes).

De nuevo es importante que te asegures de su calidad y procedencia a la hora de comprarlos, porque tampoco son baratos y hay muchos mezclados con otras sustancias, para sacarles más provecho.

Si te parecen caros, considera que hacen falta muchos kilos de una planta o una de sus partes para hacer un litro de esencia. A veces, son necesarias, literalmente, toneladas de vegetal. Como vas a pagarlo, cerciórate de que pagas por lo que obtienes.

De estos se utilizan cantidades muy exiguas, tan solo algunas gotas, ya que son muy potentes.

Es importante que sepas que algunos son muy irritantes si entran en contacto directo con la piel (ya sabes, por su concentración) y que pongas atención y cuidado a la hora de manipularlos.

Por descontado, si tienes alergia a una o varias plantas, no se te ocurra utilizar sus esencias. Aún así, tendrás dónde elegir.

Para que no se te estropeen, debes guardarlos herméticamente tapados, en un lugar seco y fresco, protegido de la luz, donde pueden conservarse en perfectas condiciones hasta cuatro años (el tiempo de almacenamiento dependerá del tipo de esencia y de su calidad).

Se mezclan muy bien con alcohol, no con agua, y sus pequeñas moléculas les permiten penetrar profundamente en la piel hasta llegar a las partes de esta en las que son necesarios.

Poseen propiedades antiinflamatorias, antioxidantes, hidratantes, humectantes, bactericidas, antimicóticas, antivíricas, regeneradoras, relajantes, limpiadoras, estimulantes de la circulación y de otros procesos orgánicos… ¡Son una maravilla y tú puedes sacarles todo el partido!

¿Por qué solo estos dos ingredientes?

Porque se consiguen sérums de alta calidad, seguros en todos los aspectos, que dan magníficos resultados.

Los sérums con base acuosa son complicados de hacer en casa y tienen una vida muy, muy corta, incluso si les añades conservantes naturales de calidad.

El deterioro a nivel microscópico comienza mucho ante de que sea perceptible a simple vista, pero el problema está ahí y puede producir reacciones indeseadas y fuertes en la piel. Esto significa que tendrías que hacer unas cantidades ínfimas para no verte obligada a tirar producto elaborado con materias primas caras.

Las fómulas suele añadir elementos, como alcohol o glicerinas, que no son bien tolerados por todas las pieles.

Estos sueros incorporan, por ejemplo, vitamina C, que se oxida muy rápidamente al contacto con la luz y el aire, con lo que tu sérum antioxidante pasaría a ser altamente oxidativo.

Es cierto que ya existe la vitamina C estable, pero no puedes conseguirla. Los laboratorios cosméticos que la fabrican y utilizan, la guardan como oro en paño y no la ponen a disposición del público en general.

Son sueros que normalmente se hacen con cantidades muy pequeñas de principios activos, porque tienen una vida corta y no garantizada, por mucho cuidado que pongas. Hablamos de decigramos y centigramos: para pesar esas cantidades hacen falta básculas profesionales de precisión, que no son baratas.

Además, cuando nos movemos en esas dimensiones y cantidades cualquier error mínimo cuenta.

Hay que elegir los principios activos con muchísimo cuidado y se necesitan conocimientos especializados, porque, si no están en el formato correcto, pueden cristalizar, con lo que se pierde una de las principales características que hacen de los sérums lo que son: su capacidad de penetración. Una sustancia que cristaliza en contacto con el aire o la piel, no penetra.

El ácido hialurónico, por poner otro ejemplo, necesita condiciones muy específicas de conservación, y de no darse estas, se deteriora en una semana. Y no cuentas con el material ni los conocimientos necesarios para comprobar que, realmente, tu sérum es estable y seguro.

De hecho, las páginas que explican cómo hacer esos preparados suelen llevar advertencias en las que se desentienden de responsabilidad de cualquier tipo si el resultado no es el deseado y/o hay consecuencias imprevistas de cualquier tipo. Por algo será.

Los sueros caseros de base acuosa son, pues, inestables y muy perecederos, por lo que nos decantamos por los de base oleosa con esencias, que garantizan la penetración y la durabilidad razonable. Con ellos tendrás un producto de calidad y fiable, y te encantarán los resultados.

Los sueros de base oleosa son seguros. El mayor peligro es que tu piel entre en contacto con una esencia muy fuerte y tengas una reacción cutánea irritativa o alérgica, lo que no es agradable, pero tampoco peligroso.

Las esencias tienen propiedades antimicrobianas, así que son, por sí mismas, una garantía.

Algunos consejos previos

  • Insistimos en que adquieras productos de calidad comprobada.
  • Rotula bien cada sérum que hagas, con las cantidades o proporciones.
  • Asegúrate de que usas aceites y esencias que no te provocan alergia o sensibilidad. Si fuera así, descártalos y busca otras opciones.
  • Para conservar tu suero casero utiliza siempre envases pequeños, de cristal oscuro y cierre seguro.
  • Guarda los aceites, esencias y sérums que hagas en un lugar fresco, seco y oscuro, perfectamente cerrados y aislados.
  • Pon fecha de adquisición a todos tus ingredientes.
  • Si un aceite vegetal lleva mucho tiempo en tu casa y tiene un olor extraño, deséchalo.
  • Por descontado, todo el material que utilices para hacerlos debe estar muy limpio y bien seco, al igual que tus manos, claro. Recuerda que el agua es un vehículo excelente para la proliferación de vida no deseada (microorganismos) y que, además, no se mezcla con aceites ni esencias.
  • Mantén los ingredientes y tus elaboraciones fuera del alcance de los niños.

Sérums caseros: ingredientes

Ingredientes del sérum

Vamos a ver algunos de los mejores ingredientes por separado, y a explicarte por qué los elegimos, para que, si quieres, puedas hacer tus propias mezclas.

Luego, te dejaremos algunas de las recetas que más nos gustan, para distintos problemas o tipos de piel.

Aceites portadores

Si tienes la piel grasa y piensas que, por ese motivo, no debes ni acercar aceites a tu rostro, estás muy equivocada.

Hasta las pieles más grasas necesitan la grasa tanto como la humedad. El manto hidrolipídico cutáneo está formado por ambos y es el que alimenta la microbiota y mantiene el pH en niveles salubres.

Uno de los errores más comunes de las personas con pieles grasas es buscar cosméticos que las sequen, lo que en muchas ocasiones produce una reacción de rebote: las glándulas sebáceas producen más grasa ante la amenaza exterior de eliminarla.

Lo ideal no es utilizar productos secantes, sino aquellos que equilibren, modulen y controlen la producción del sebo natural, a la vez que aportan humedad y niveles bajos de grasa beneficiosa y biocompatible.

El índice comedogénico indica la capacidad que tiene un aceite de obstruir los poros, y la escala va de cero a 5.

Se consideran no comedogénicos los de índices entre 0 y 2. Los de 3 apenas lo son.

Las pieles grasas deben decantarse por aceites no comedogénicos.

Todos los aceites vegetales son ricos en ácidos grasos oléicos y linoléicos, necesarios para una piel sana. Claro que algunos tienen más concentración de estos.

La selección que hemos hecho no refleja, ni de lejos, la gran variedad de aceites portadores que puedes encontrar, así que hemos optado por aquellos que son compatibles con todo tipo de piel, lo más conocidos y los más asequibles.

  • Aceite de Rosa Mosqueta (índice comedogénico: 1)

Un clásico de la cosmética y más de la cosmética natural.

Aceptado por todas las pieles, resulta especialmente indicado para las grasas, con acné  y las sensibles. Limpia e hidrata, cicatriza y protege del sol, dejando una sensación de piel descansada y nutrida gracias a sus antioxidantes.

  • Aceite de jojoba (índice comedogénico: 2)

Excelente para todo tipo de piel por su alta compatibilidad biológica, que lo hace ideal incluso para cutis grasos, ya que actúa equilibrando la producción de sebo. Se ha ganado a pulso la fama de ser uno de los mejores para la piel.

  • Aceite de cáñamo (índice comedogénico: 0)

El aceite de semilla de cáñamo es el mejor para dermis grasas, aunque es apto para cualquier tipo de piel
Es muy hidratante y no deja rastro untuoso sobre la piel, que lo absorbe con rapidez. Posee un alto contenido de ácido linoléico, que, curiosamente, parece faltar en muchas pieles con acné, según estudios realizados.

  • Aceite de argán (índice comedogénico: 0)

El mejor para pieles seca, con acné o maduras, necesitadas de una hidratación extra. Es muy rico en ácidos oléico y linoléico, así como una gran opción para sérums de invierno, cuando se necesita protección extra frente al frío, las calefacciones y la contaminación, que presenta entonces niveles más elevados.

  • Aceite de semilla de uva (índice comedogénico: 1)

El aceite de semilla de uva es bueno para la mayoría de los tipos de piel y perfecto para mezclarlo con otros portadores, por su habilidad para cerrar los poros abiertos (que no obstruirlos) y regenerar la piel.

  • Aceite de avena (índice comedogénico: 1/2)

La avena es conocida por sus efectos calmantes y reparadores de la piel. Contiene un porcentaje importante de ácidos grasos y es antialérgica, perfecta para combinar con otros aceites.

Está indicada para todo tipo de piel, especialmente para las sensibles o dañadas, dejándolas suaves y aliviadas.

  • Aceite de almendras dulces (índice comedogénico: 2)

Para todo tipo de pieles, sobre todo las sensibles e irritadas, por sus características emolientes y regeneradoras.

  • Aceite de avellanas (índice comedogénico: 1)

También para todas las pieles. Las más sensibles lo agradecerán: posee antioxidantes, es muy hidratante, antibacteriano y tensor, así que añade un plus de rejuvencimiento.

  • Aceite de borraja (índice comedogénico: 2)

Su alto contenido en ácido gamma linoléico le dota de una gran capacidad de restauración cutánea; hidrata en profundidad, es antiinflamatorio y suaviza mucho el cutis.

Todas las pieles lo agradecen, en especial las sensibles, o con problemas tipo rosácea, psoriasis, etc. por sus propiedades antiinflamatorias, y es muy recomendable para pieles mixtas.

  • Aceite de cardo mariano (índice comedogénico: 1)

Con un altísimo contenido en ácido linoléico, es perfecto para todas las pieles y un gran desintoxicante.
El aceite de Cardo Mariano es una buena opción para la mayoría de los tipos de pieles, ya que es un aceite similar el aceite de girasol.

Resulta muy nutritivo e hidratante y ayuda a desintoxicar la piel.

  • Aceite de oliva (índice comedogénico: 2)

Con un elevadísimo porcentaje en ácido oléico, no podía faltar.

Todas las pieles lo toleran y agradecen, por su propiedades hidratantes, antiinflamatorias y antioxidantes.

  • Aceite de girasol (índice comedogénico: de 0 a 2)

Otro gran conocido, al menos en nuestra cocina.

Posee una gran compatibilidad con la piel, es antiinflamatorio, desinfectante, equilibrante y uno de los más seguros para cualquier tipo de piel.

  • Aceite de onagra (índice comedogénico: 2/3)

Especialmente útil si tienes la piel grasa o con tendencia al acné, aporta beneficios a todas.

Tiene propiedades antiinflamtorias, regeneradoras de la estructura cutánea y la elasticidad, a la vez que aclara la piel y la hace más uniforme.

  • Aceite de semilla de pepino (índice comedogénico: 1)

Pese a ser un gran desconocido, lo incluimos en nuestra selección por sus propiedades únicas.

Protege y regenera la piel,  estimulando la renovación celular y devolviéndole elasticidad y tersura; refuerza la capa hidrolipídica y protege de las agresiones solares.

Es antiinflamatorio, rejuvenecedor y perfecto para todo tipo de piel.

Para crear tus propios sérums puedes usar una combinación de dos o tres aceites portadores. Te recomendamos que no utilices más de tres a la vez.

Esencias

Sérum aceites esenciales

Vamos a enumerar unas cuantas, en función del tipo de piel o de problema a tratar, pero antes, déjanos hacerte unas advertencias importantes:

  • Los aceites esenciales son líquidos altamente concentrados: utilízalos con moderación y cuidado. Es preferible tener que añadir alguna gota más que tener que desechar una mezcla por exceso (y no te recomendamos nunca corregir un producto ya hecho, porque las probabilidades de no hacerlo bien son altas).
  • Debido a su potencia y concentración, si tienes problemas de piel, de salud o estás embarazada, no los uses sin consultar con tu médico y con un especialista competente. Observa que hemos escrito «y», no «o»: la consulta con el médico no es optativa.
  • No los pongas en contacto directo con la piel ni los ingieras.
  • Por mucho que te atraiga su olor, no te los acerques a la nariz ni a otras mucosas. Puedes olerlos fácilmente sin riesgo, porque su aroma es también muy intenso.
  • Antes de usarlo, pruébalo sobre la piel, para asegurarte de que no te daña (recuerda, siempre mezclado y rebajado con un aceite vegetal, nunca directamente).
  • Algunos pueden interferir con algunas medicaciones, así que consúltalo con tu médico.
  • Lee atentamente la etiqueta y sigue las instrucciones del fabricante.

Si la oferta de aceites vegetales es enorme, la de esencias es aún mayor, así que te dejamos unas cuantas posibilidades e ideas, pero no dudes en investigar y probar, siempre con cuidado y tomando todas las precauciones necesarias.

  • Para pieles grasas

Te irán muy bien las esencias que regulen la producción de sebo, sin inhibirla ni provocar efecto rebote. Puedes probar con dosis algo menores de esencia de las que te indicamos en las fórmulas, hasta ver qué tal reacciona tu piel, aunque las mezclas propuestas son absolutamente seguras.

Naranja, limón, lima, incienso, lavanda, árbol de té, ylang ylang, salvia, manzanilla romana, ciprés, menta, romero, sándalo, lima, bergamota, geranio.

(Qué es y para qué sirve el sérum para piel grasa)

  • Para pieles mixtas

Si es tu caso, lo ideal es que busques esencias que modulen y estabilicen la producción de grasa cutánea, es decir, que la estimulen en las zonas secas y la inhiban en las zonas más grasientas, para homogeneizarla e igualar tu cutis; esencias calmantes, reparadoras, cicatrizantes, etc.

Te irán también muy bien las esencias con un suave efecto exfoliante, limpiador y desinfectante (como el orégano en dosis muy bajas).

Naranja,bergamota, vetiver, mirto, pachulí, lavanda, rosa, laurel, siempreviva, corteza de cedro.

(Descubre qué es y para qué sirve el sérum para piel mixta)

  • Para pieles secas

Las esencias más hidratantes y nutritivas son las mejores en tu caso, así como las calmantes, antiinflamatorias y regeneradoras (las pieles secas son muy susceptibles por su falta de hidrolípidos).

Madera de cedro, mirra, sándalo, pachulí, manzanilla, geranio, salvia, palmarosa, ylan ylang, manzanilla romana, rosa.

  • Para pieles normales

En realidad, cualquier aceite esencial que no sea excesivamente astringente te irá bien.

Lavanda, manzanilla, rosa, ylang ylang, incienso, geranio, neroli, rosa de damasco,

  • Para pieles sensibles

Ya lo sabes, necesitas ingredientes amables, que suavicen tu contacto con el exterior, que aporten elementos antiinflamatorios, refuercen las defensas de tu piel, la nutran y la reparen.

Caléndula, lavanda, árbol del té, jazmín, geranio, helichrysum, sándalo, naranja, granada, pachulí, incienso, neroli, manzanilla, rosa.

  • Para pieles maduras

Hidratación, antioxidantes, tensores, reestructurantes, son algunos de los ingredientes que necesitas para mejorar el aspecto de tu rostro, devolviéndole luminosidad y esa envidiable apariencia descansada y fresca. Estas esencias te ayudarán.

Rosa, incienso, mandarina, siempreviva, helicriso, sándalo, semilla de zanahoria, lavanda, mirra, pachulí, ciprés, jazmín, romero, ylang ylang, citronela, naranja, palmarosa, granada.

(Para qué sirve el sérum de ácido hialurónico)

  • Para el acné

No te lances a buscar principios muy secantes, que pueden empeorar el estado de tu piel. Necesitas moduladores del sebo natural, hidratación, calmantes, astringentes (en dosis controladas) y antiinflamatorios.

Geranio, orégano, lavanda, pachulí, nim, madera de cedro, rosa, vetiver, manzanilla romana, árbol del té, citronela, romero, albahaca, naranja, palo de rosa.

  • Para las manchas

Los aceites esenciales que te proponemos tienen propiedades aclarantes y homogeneizantes del tono de piel, a la vez que le devuelven luminosidad, acabando con el aspecto mate (Cuándo utilizar un sérum antimanchas).

Romero, jojoba, árbol del té, copaiba, apio, salvia, caléndula, semillas de zanahoria, incienso, limón, geranio, raíz de regaliz, levístico, sándalo, incienso, naranja dulce.

Sérums caseros: las recetas

Cómo hacer sérum casero

Vamos a dejaros una receta para cada tipo de problema. A partir de estas, podéis hacer u deshacer, combinar, probar, hasta dar con vuestra fórmula ideal.

  • Piel grasa

En un frasco de cristal opaco, con capacidad para algo más de 60 mililitros de líquido, pon:

  • 30 ml. de aceite vegetal de jojoba
  • 30 ml. de aceite vegetal de semilla de uva

Agita bien para mezclarlos.

Añade:

  • 10 gotas de aceite esencial de ciprés
  • 5 gotas de aceite esencial de menta
  • 5 gotas de aceite esencial de romero

Agita de nuevo para mezclar bien todos los ingredientes.

Más recetas: Cómo hacer tu propio sérum para piel grasa.

  • Piel mixta

    • 45 ml de aceite de argán
    • 15 ml de aceite de aguacate

Agita para mezclar bien y luego añade:

  • 8 gotas de aceite esencial de lavanda
  • 8 gotas de aceite esencial de bergamota
  • 4 gotas de aceite esencial de cedro

Vuelve a agitar.

Más recetas: Prepara tu propio sérum para piel mixta.

  • Piel seca

  • 5 gotas de aceite esencial de rosa
  • 5 gotas de aceite esencial de jazmín
  • 5 gotas de aceite esencial de incienso
  • 5 gotas de aceite esencial de geranio

Agita, mezcla y añade:

  • 60 ml de aceite de semilla de rosa mosqueta

¡Eso es! ¡Agita de nuevo!

  • Piel normal

  • 8 gotas de aceite esencial de lavanda
  • 8 gotas de aceite esencial de geranio
  • 4 gotas de aceite esencial de incienso

Agita bien para mezclarlos, añade:

  • 60 ml de aceite de almendras

Y vuelve a agitar para conseguir una mezcla homogénea.

  • Piel sensible

Mezcla:

  • 30 ml de aceite vegetal de jojoba
  • 30 ml de aceite de almendras dulces

Agrega:

  • 5 gotas de aceite esencial de helichrysum
  • 5 gotas de aceite esencial dede incienso
  • 5 gotas de aceite esencial de incienso
  • 5 gotas de aceite esencial de lavanda

Agita para mezclar bien.

  • Piel madura

  • 60 ml de aceite vegetal de rosa mosqueta
  • 5 gotas de aceite esencial de rosa
  • 5 gotas de aceite esencial de helichrysum
  • 5 gotas de aceite esencial de incienso
  • 5 gotas de aceite esencial de geranio

Agitar hasta obtener una mezcla homogénea.

Más recetas: Cómo hacer sérum casero con ácido hialurónico.

  • Piel con acné

En 60 ml de aceite de semilla de uva, agrega:

  • 5 gotas de aceite esencial de árbol de té
  • 5 gotas de aceite esencial de citronela (o limoncillo o hierba limón)
  • 10 gotas de aceite esencial de lavanda
  • Piel con manchas

A 60 ml de aceite de almendras dulces, añade:

  • 14 gotas de aceite esencial de sándalo
  • 6 gotas de aceite esencial de limón

Y… ¡a agitar!

Como verás, todos llevan 60 ml de aceites vegetales o base y 20 gotas de aceites esenciales. Mantén esa proporción en principio para todas tus fórmulas, y vete experimentando.

Según tu piel, es posible que con el tiempo admitas una concentración algo mayor de aceites esenciales, pero no te excedas si no quieres problemas: no pases de las 30 gotas en total y vete subiendo la dosis despacio, en cada nuevo preparado.

Si después de toda esta información no te animas, puede que los siguientes artículos te ayuden a decir qué sérum elegir:

 

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