El sérum ¿sustituye a la crema hidratante?

Serum

El sérum sustituye a la hidratante

Es una de las grandes preguntas de todo usuario de cosméticos.

Hay dos respuestas para ella, una breve: NO, que posiblemente te deje con la misma duda; otra, más larga, que supone explicar y entender por qué el sérum no sustituye a la hidratante, excepto en ocasiones muy contadas.

¡Toda norma tiene sus excepciones! 😄

¡Vamos con el sérum!

Sérum es, en latín, lo que en castellano de toda la vida se llama suero.

Utilizaremos los dos términos, para darle un poco de variedad a este post. 🤣

Posiblemente se utilice el término latino por dos principales motivos, que tienen que ver, ambos, con el marketing.

La palabra suero nos recuerda a hospitales, médicos, tratamientos, y chismes enganchados a nuestras venas, en resumen, una imagen poco atractiva y glamurosa,

Por otro lado, la palabra sérum es internacional, lo que facilita la publicidad y la difusión del invento.

Eso sí, como invento, el sérum es uno de los mejores que ha dado la industria cosmética. Si quieres saber más, no te pierdas: Sérum, qué es y para qué sirve.

Si ya lo has usado o lo has visto, te habrás dado cuenta de que se vende en envases muy pequeños (normalmente, no más de 50 ml), y eso ya es una pista, no un truco para vender más.

El sérum es un producto que podríamos calificar de intenso: mucho en muy poco, es decir, una gran capacidad de actuación.

Dicho de otro modo: el sérum condensa principios activos muy potentes. No solo se vende en pequeñas cantidades, también se usa así. Unas gotas son más que suficiente para devolver al rostro sus mejores características.

Es ligero, no deja residuos sobre la piel y esta lo absorbe de forma casi inmediata, pero lo mejor de todo es que penetra hasta las partes más inasequibles de la piel, donde ningún otro cosmético puede llegar, y allí realiza un profundo trabajo de hidratación, nutrición, reequilibrio, reparación, reestructuración, estimulación y reactivación de las funciones de la piel.

Esta hazaña es posible porque está formado por moléculas muy pequeñas, que pueden, fácilmente, traspasar la barrera que supone la epidermis, y es esta misma razón -sus moléculas- la que lo hace tan ligero.

En realidad, el nombre suero no deja de ser muy exacto, ya que se puede decir que es más un tratamiento que un cosmético. Es cierto que, en un sentido amplio, todo cosmético es, o debería ser, tratante; como poco, «cuidante» y no agresivo.

Pero las bondades del sérum dejan como mero aficionado a cualquier otro producto, cremas hidratantes incluidas. 

Los sueros faciales son los únicos cosméticos que, realmente, pueden arreglas los problemas cutáneos, no solo maquillarlos, y lo hacen de una forma radical, definitiva y muy efectiva, de manera que, aunque haya que utilizarlos de forma sistemática y continuada para que la piel llegue a sanar y equilibrarse, los resultados, en la mayoría de los casos, son visibles en muy poco tiempo.

Desde luego, casi en la primera aplicación podemos apreciar cambios en las sensaciones que nos transmite nuestra piel y en su aspecto.

¡Y con la hidratante!

A estas alturas no tengo que convencerte de la importancia de utilizar una crema a diario. Es el cuidado básico de la piel, del que casi nadie prescinde.

Las hidratantes llevan mucho tiempo en primera línea, y desde la antigüedad se han estado utilizando para proteger la piel e intentar evitar los estragos del paso del tiempo sobre ella.

Hay cremas con base acuosa, para pieles grasas o mixtas, pero la mayoría tienen base oleosa, y todas están compuestas por moléculas demasiado grandes como para traspasar algo más que la capa córnea, la más externa de la epidermis.

Pese a que el concepto de hidratación nos remite ineludiblemente a la idea de aportar agua, lo cierto es que las hidratantes no aportan agua, por mucha base acuosa que tengan. El único camino por el que el agua que necesita nuestro cutis puede llegar a él, es interno, ya que la absorción de humedad a través de la piel es absolutamente despreciable.

Sérum e hidratación

Las hidratantes crean una película, más o menos densa, más o menos untuosa, que evita que la piel pierda humedad, aportando grasa al mismo tiempo, que protege y facilita la penetración de los principios activos.

Nuestra piel es lipofílica, lo que significa que acepta y asimila mucho mejor lo que se le ponga si viene en un vehículo graso, siempre que esta grasa sea compatible con ella y no oclusiva (comedogénica).

Entre las grasas lipofílicas encontramos los aceites vegetales, que son un vehículo magnífico y verás que están en la composición de muchos productos, por sus múltiples propiedades y su biocompatibilidad con la piel.

En el otro extremo, tenemos los productos químicos cuyo origen está en plásticos e hidrocarburos varios, que son altamente oclusivos, nada biocompatibles y menos indicados para cualquier tipo de piel: pueden ser una buena ayuda para pieles muy secas, pero no son nada indicados para pieles grasas o mixtas, por ejemplo. Impiden que se pierdan las grasas y la humedad propias, pero, por su naturaleza, también que los principios activos de las cremas penetren.

Aunque la capacidad de penetración de una crema es siempre muy escasa, y no va mucho más allá de la capa córnea.

La función de las cremas no es reparar la piel en profundidad, sino protegerla, cuidarla y rehabilitar esa capa exterior, lo que no es poco, porque con una capa córnea deteriorada, toda la piel queda expuesta.

Quizá hayas oído o leído sobre emulsiones O/W y W/O. Estos indicadores hacen referencia al tipo de emulsión según la forma en que se organizan sus componentes.

Las emulsiones son sistemas hetereogéneos, en los que se mezclan dos sustancias que, en principio no pueden hacerlo, como el aceite y el agua, organizándose en «grupitos». Estos pueden ser de agua rodeando a partículas de aceite (O/W, aceite en agua) o de aceite rodeando partículas de agua (W/O, agua en aceite). Se llaman respectivamente fase externa (la que rodea) y fase interna (la rodeada). En cualquiera de los dos tipos hay grasa, pero las fórmulas O/W son mucho más ligeras.

Para conseguir que ambos productos se mezclen -sin unirse- de forma estable y duradera, se utilizan los llamados emulsionantes, sustancias a la vez hidrofílicas y lipofílicas que consiguen atraer ambos productos y mantenerlos unidos, mezclados.

Entre los emulsionantes más comunes están la lecitina, los ésteres y los glicéridos.

Hay emulsiones hechas con silicionas, que, como ya hemos comentado, van muy bien para pieles secas, dejando, además, una sensación muy sedosa y grata en el rostro.

En cualquier caso, somos partidarios de ingredientes naturales y pocos artificiales. De aparecer estos, mejor en cantidades pequeñas.

Lo que nos lleva al INCI, o listado del ingredientes de un producto. En los cosméticos es obligatorio, y la lista va de mayor a menor concentración de ingredientes. No es obligatorio especificar cuánto de cada uno hay, y la mayoría de los fabricantes no lo hacen.

Por lo tanto, ya sabes que un ingrediente que aparece en los primeros puestos será del que más haya en el producto, y uno que lo haga en los últimos será de los más escasos. Ahí deberían estar siempre los conservantes, colorantes, perfumes, estabilizantes, etc.

Una crema cuyo primer ingrediente sea «aqua» (agua), será de base acuosa, más ligera, y se absorberá antes.También será más vulnerable ante los microorganismos y necesitará de más conservantes (que pueden ser de origen natural y orgánico, no tienen que ser necesariamente artificiales).

Estos conceptos te dan una muy ligera idea del complejo mundo de las cremas, porque que una crema dé un resultado u otro, tanto en textura como capacidad de penetración, depende también del tipo de grasas que se utilicen, la proporción, el emulgente o emulsionante, los procedimientos usados para fabricarla, etc.

No, no son lo mismo

El sérum y la hidratante

Para entender mejor por qué un sérum no sustituye a la hidratante y por qué, para cuidar bien tu piel necesitas ambos, veamos algunas de las principales diferencias entre los dos.

  • La textura es la primera, salta a la vista y se nota en cuanto aplicas uno u otro producto. El sérum es ligero y la crema, incluso la más liviana, mucho menos en comparación.
  • La concentración de activos: en el sérum puede ser del 70 % o más, si hablamos de tratamientos de choque o boosters; en las cremas nunca supera el 10 % y no hace falta más.
  • La potencia de los activos, muchísimo mayor en el sérum que en la crema.
  • La capacidad de penetración: el sérum se absorbe casi de inmediato, y la crema, en realidad, permanece sobre la piel.
  • La capacidad de actuación: el sérum, al llegar a las zonas profundas de la piel y realiza un trabajo de reestructuración a nivel celular; las cremas se quedan en la superficie haciendo un trabajo de protección, de escudo.
  • El envase, y no es un asunto de mero capricho: las cremas pueden y suelen presentarse en una gran diversidad de envases, diversidad que se observa tanto en las formas como en los materiales; los sérums se presentan en envases de cristal, opacos (no dejan pasar la luz) y con dosificador de algún tipo. Esto es porque sus intensos ingredientes son susceptibles a la luz, al contacto con el aire, etc. Si el envase de un sérum no cumple con estos requisitos, no te fíes (ni del envase ni del contenido).
  • Las moléculas: las de los sérums son mucho más pequeñas que las de las cremas, y esta es la razón por la que unos penetran y las otras no. No tiene que ver con el contenido en aceites o agua. De hecho, la piel absorbe mejor, lo hemos visto, los productos oleosos, en líneas generales. El agua apenas puede penetrar (una piel sana es muy selectiva con lo que deja o no deja entrar).
  • Los ingredientes: hay algunos que no deben aparecer jamás en un sérum, pero sí pueden estar en las cremas, como los perfumes y las fragancias. Esto explica por qué los sérums no suelen tener los olores tan gratos que caracterizan a las cremas (huelen poco o nada). Es normal, ya que hay ingredientes que de ninguna manera queremos que alcancen las partes profundas de nuestra dermis.
  • Los resultados: los del sérum se aprecian en muy poco tiempo y, si se utiliza adecuadamente, son duraderos; los de la crema casi ni se notan, porque es un trabajo tan lento que nos pasa desapercibido. Pero si quieres saber lo que la crema hace por ti, recuerda cómo estaba tu piel antes de usarla o imagina cómo podría estar sin ella.
  • El criterio para elegirlos: el sérum se elige para dar solución a un problema concreto, y la hidratante según el tipo de piel.
  • La cantidad de producto a utilizar y la forma de aplicarlo: del sérum se usan unas cuantas gotas cada vez, y se aplican sin extender (te lo explicamos más detenidamente en Cómo aplicar el sérum para sacarle todo el partido), porque importa que vaya hacia adentro; la crema se usa en mayor cantidad y se extiende con un suave masaje que ayuda a distribuirla uniformemente, para cubrir bien toda la superficie cutánea (lo que no se cubra no estará protegido).
  • El momento de utilizarlo: el sérum ha de ponerse siempre antes que la crema, y esta sobre aquel.
  • No puedes prescindir de la hidratante, para tener una piel mínimamente cuidada y protegida, y no debes hacerlo del sérum si quieres una piel profundamente sana y capaz. Los dos juntos son el tratamiento ideal.

El sérum no puede sustituir a la hidratante

Si te lo hemos explicado bien, a estas alturas tienes que tenerlo claro, pero vamos a hacer un repaso y analizar por qué no, y para ello echaremos un vistazo muy superficial pero aclarador a la piel, sus partes y su funcionamiento.

El sérum y la hidratante

La piel está formada por tres capas, que son, de dentro afuera, la hipodermis, la dermis y la epidermis.

En la primera hay, sobre todo, células adiposas, que acumulan grasa (las famosas ceramidas, entre otras); glándulas sebáceas, que la secretan; capilares y células implicadas en las sensaciones y el sistema inmune. Es importante para nutrir a las otras dos capas, proteger el cuerpo ante los golpes y traumas y regular la temperatura. Es el nexo entre los órganos internos y la piel.

En la dermis hay abundancia de colágeno y elastina, que dotan a la piel de resistencia y elasticidad y cuya producción, tanto en cantidad como en calidad, disminuye con el paso del tiempo; pequeños capilares, que la nutren y dan apoyo a la epidermis, que no tiene riego sanguíneo; glándulas sudoríparas y sebáceas, que aportan agua, ácidos (como el hialurónico) y grasa; más células sensoriales e inmunes. Protege al organismo y pone en contacto este con la epidermis.

La epidermis es la parte de la piel que nosotros vemos y tocamos. Es la capa más fina, no tiene riego, como hemos visto, pero es muy compleja, tiene, a su vez, varias subcapas y es la primera línea de defensa de la piel y, por lo tanto, del cuerpo. Está compuesta en su mayor parte por queratinocitos, células de queratina, que se forman en sus capas más profundas y van migrando hacia el exterior, perdiendo el núcleo cuando llegan arriba del todo, donde, ya como «células muertas», forman la capa córnea, y, finalmente, se desprenden. Este proceso tarda unos 28-30 días en completarse.

Pero a la epidermis también llegan las sustancias que las otras dos capas segregan: agua, ácidos y grasa, que forman una película sobre su superficie, llamada manto hidrolipídico, con un pH algo ácido (entre el 4.5 y el 5.5, ya que varía en distintas zonas del cuerpo) y cuya presencia y equilibrio son fundamentales para la salud cutánea y la de todo el organismo. Este, además, hace la función de pegamento, de cemento de las células de la capa córnea (corneocitos), que, de otra manera, no podrían mantener su estructura, se desprenderían (descamación excesiva) y comprometerían la integridad de la piel.

Finalmente, en la piel, como en realidad en todo nuestro cuerpo, habitan de forma permanente y necesaria bacterias, virus, hongos y parásitos (los famosos ácaros, por ejemplo), no solo biocompatibles con ella, sino absolutamente imprescindibles, y que forman la llamada microbiota* cutánea. Estos viven en el manto hidrolipídico, se alimentan de él y compiten por el espacio y la comida con otros seres de su misma naturaleza, pero potencialmente patógenos. Es decir, que a cambio de proporcionarles casa y comida, nos defienden, y lo hacen perfectamente.

La epidermis también contiene, en menor medida, células vinculadas al sistema nervioso (sensaciones) y el inmune.

Una piel sana, entonces, tiene que:

  • Ser capaz de regular y optimizar, en función de muchas variables, la producción de sudor (agua y ácidos) y grasa.
  • Mantener el ritmo y la calidad de fabricación de elastina y colágeno, para garantizar su resistencia y flexibilidad.
  • Mantener el equilibrio del su pH y de su manto hidrolipídico.
  • Cuidar y mantener la flora y la fauna de la microbiota.
  • Retener y cohesionar adecuadamente las células córneas, para ofrecer un buen muro de defensa y contención a la piel.

Si cualquiera de estos sutiles equilibrios se desestabiliza, empiezan los problemas:

  • Exceso de grasa y/o sudor: piel grasa o mixta, que puede, además, estar irritada por el exceso de ácidos.
  • Falta de grasa y/o sudor: carencia de hidratación, de solidez en la barrera cutánea, piel seca, quebradiza y sensible.
  • pH incorrecto: afecta tanto al manto hidrolipídico como a la microbiota.
  • Desequilibrio de la microbiota: puede llevar a la indefensión, o a la proliferación de algunos microorganimos en detrimento de otros. Por ejemplo, un excesivo crecimiento de las colonias de hongos redundaría en una menor presencia de bacterias y virus, y en la aparición de alguna patología cutánea por hongos.

Seguramente ahora entiendas mejor el precario equilibrio que la piel necesita y lo relativamente fácil que es romperlo. Desde los procesos internos del organismo hasta nuestra forma de vida, pasando por nuestros pensamientos, emociones y sentimientos, todo influye y afecta a la piel, que es el reflejo de nuestro estado.

Y es posible que también veas claro por qué el sérum no sustituye a la crema hidratante y por qué insistimos tanto en que lo mejor, para una piel sana y resistente, es utilizar ambos. Aquí te dejamos una selección de los Mejores sérums hidratantes.

Es cierto que el sérum, gracias a sus ingredientes potentes y concentrados, llega a las capas profundas, donde sus principios actúan revitalizando la piel, activando procesos defectuosos y lentos, reparando mecanismos y estimulándolos, equilibrando la producción de sustancias, etc. Pero no puede proteger la piel.

La crema sí protege, creando un fina película que impide que la piel pierda sus lubricación (líquidos y grasas), ayuda a mantener el pH, aporta elementos de unión a la capa córnea y puede integrar ingredientes que reparen, nutran y cuiden esta.

Sin una crema tu piel está expuesta a todo tipo de agresiones externas, pero sin un sérum, estará menos preparada para cualquier contingencia.

La hidratación real y profunda, si tu piel no tiene problemas de ningún tipo, te la dará una combinación de los dos productos.

El sérum aportará hidratación extra e inteligente (el ácido hialurónico es capaz de retener hasta 1.000 veces su peso en agua, pero también lo es de graduar la retención según se necesite), reactivará y modulará los propios procesos, ralentizando los efectos del paso del tiempo, con ingredientes como los precursores de colágeno y elastina, que no añaden estos directamente, sino que estimulan su fabricación y repararán el daño que pueda haber en el interior.

La hidratante ayudará a que la piel retenga más y mejor sus propios ingredientes hidratantes, aportará un extra de lubricación y facilitará el equilibrio de la epidermis en todos sus aspectos, vital para la salud del resto de las capas cutáneas.

Es más, juntos se potencian y se mejoran el uno al otro.

Recuerda que es importante aplicar antes el sérum, dejar que se absorba y aplicar después la crema.

Si quieres que tu sérum penetre mejor, masajea un poco tu cara antes de ponértelo, sin frotar (arrasarías la capa córnea y la hidrolipídica). Puedes hacerlo incluso con pellizquitos. El objetivo es calentarla para que los poros se abran más al suero.

Para una mejor absorción de la crema, date un masaje con ella sobre todo el rostro, extendiéndola de dentro hacia afuera con movimientos circulares y ascendentes.

¿Y las excepciones de las que hablábamos al principio?

El suero puede, ocasionalmente, ser suficiente y evitarnos la hidratante si tenemos una piel grasa, y se dan, además, otras condiciones. Así:

  • Puedes usar solo un sérum para la piel grasa de noche. No puedes prescindir de la hidratante durante el día, porque todas, absolutamente todas las pieles necesitan protección.
  • En algunas ocasiones, en verano, puedes prescindir de la crema si usas un sérum hidratante, sobre el que, ineludiblemente deberás ponerte protector solar.
  • Si crees que tu piel normal o mixta soporta la falta de hidratación en verano, estás dejando que las apariencias te engañen. El verano es una época de mucho estrés para la piel, porque el sol es su principal enemigo (está en el origen y/o empeoramiento de casi todos los procesos de deterioro) y sus efectos pueden no hacerse visibles hasta mucho después de que el daño esté hecho.

Deshaciendo mitos y creencias

Mitos sobre sérum e hidratantes

  • El suero sí tiene ingredientes oleosos, pero no oclusivos. Las grasas biocompatibles son el mejor vehículo para tratar la piel.
  • No confundas los tipos de sueros:
    • El sérum es un producto para uso diario, y solo con perseverancia conseguirás afianzar los logros.
    • El sérum de choque o booster es para un uso condicionado a la mejoría de la piel, ya que trata un problema concreto. No debe usarse siempre, ni en tratamientos prolongados sin dejar períodos de descanso.
    • El sérum de un solo uso es, exactamente, para eso, para usarlo de vez en cuando y conseguir resultados inmediatos. Es más concentrado y sus objetivos más limitados: mejorar el aspecto de la piel en un momento determinado. Si abusas de él puedes irritar y desequilibrar tu cutis.
  • A la hora de elegir una crema, tienes que regirte por tu tipo de piel y sus necesidades antes que por la textura que más te agrade. Puede que te encanten los geles, pero no son la mejor opción si tu piel es seca, y encontrarás muchas cremas perfectas para ti, muy nutritivas que no dejarán restos ni sensación pringosa.
  • Busca una hidratante que realmente te proteja, y no te fíes de las que aseguran que sus ingredientes penetran más: no pueden, como hemos visto, por sus moléculas, ni deben, por su función.
  • Que los cosméticos no tengan fecha de caducidad no quiere decir que no caduquen. Solo están obligados a poner fecha de caducidad si esta es inferior a 30 meses, aunque deben indicar su período de uso después de la apertura (PAO en inglés: period after opening), pero si tu crema o tu sérum tienen un olor extraño, deshazte de ellos.
  • Los envases no son suficiente: guarda tus cosméticos en un lugar fresco, seco y sin luz.
  • Insistimos: las pieles grasas necesitan hidratación sí o sí. Hay muchos formatos muy ligeros que cumplirán a la perfección su misión de barrera.
  • Aunque esté muy de moda, la técnica del layering (aplicar muchas capas de cosméticos simultáneamente) no es lo mejor para la piel y puede conllevar riesgos si se acumulan determinadas sustancias en cantidades excesivas (no son peligrosas en un producto, pero sí si las contienen varios y se aplican juntos, porque suman).
  • Más no es mejor: los cosméticos con demasiados ingredientes no son efectivos.
  • Es cierto que es mejor elegir productos de origen natural, pero eso no significa que no puedan causar alergias, reacciones, etc. De hecho, son más comunes a estos que a los artificiales.
  • No te dejes seducir por el marketing, las promesas de productos novedosos o exóticos y términos tan impactantes como cosmocéutica y nanotecnología. Busca productos de calidad.
  • Tendrás que cambiar de fórmulas en función de la época del año, las condiciones ambientales y, sobre todo, los cambios de tu propia piel, empezando por los que conlleva la edad.
  • Lo más caro no es necesariamente lo mejor. Aprende a leer un INCI.
  • No dejes que términos como aceite, ácido, etc. te asusten o condicionen. Ni el aceite es malo para las pieles grasas (al contrario, como ya hemos visto), ni los ácidos te va a quemar la piel, ya que esta los produce y los necesita.
  • Siendo rigurosos, los poros no se cierran, pero la suciedad los hace más visibles y su acumulación los dilata. Una vez limpios, vuelven a su ser.
  • Si quieres una piel sana, no te pases con limpiezas a fondo como exfoliantes y mascarillas, porque arrasarás su capa córnea, el manto hidrilipídico y la microbiota.
  • No prescindas de la protección solar bajo ninguna premisa, porque son todas falsas: si no te proteges del sol, lo pagarás caro.
  • Aunque hidratar la piel es necesario, es bueno de vez en cuando dormir con la piel limpia, sin más, Intenta hacerlo al menos una vez por semana.

 

*¿Te suena el término microbioma?. A veces se utilizan ambos indistintamente, pero no son lo mismo. El microbioma es la marca genética de la microbiota, que es la vida microscópica de la piel y otros órganos; es su perfil genético, y viene determinado por herencia, adquisición en los primeros momentos de la vida, y otros factores tanto endógenos como exógenos (propios e internos como externos).

Cada microbiota tiene su microbioma, pero no viceversa, aunque sí cada micribioma pertenece a una microbiota y solo a esta.

La microbiota y el microbioma de cada individuo son únicos.

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